Lola. Día 8: El retorno de “El Rivas”

Ayer fue un día de esos en los que tienes una premonición y, de repente, simplemente ocurre lo que llevas esperando taaanto tiempo…

“Lola, Lolita, Lola. ¿Qué tal estas?” (Doble chek azul) ¡Mierda! ¿Cómo se desinstalaba esa gilipollez? (Me pasé media hora en ajustes intentando cambiar la configuración pero fue imposible).

No tenía su número porque lo había borrado al instante de nuestra discusión. Después lo bloqueé y lo volví a desbloquear a los dos días. Cuando vi su foto de perfil con la camisa desabrochada y la sonrisa de zorro viejo, supe que Guillermo Rivas estaba de nuevo a la caza.

Reconozco que al principio me ilusioné. Seguro que quería pedirme disculpas. Puede que estuviera arrepentido y hasta que me echase de menos…

JULIA: Oye guapa, que las magdalenas no se meten solitas en la bolsa. A ver si ahora soy la única pluriempleada que va a sacar a flote a la familia Santos. ¡Espabila Lola!

LOLA: Ya voy bonita. Solo llevas tres bolsas más que yo. Tampoco es tanto. Oye, falta una de las de la caja, ¿Adri, las has cogido tu?

JULIA: Se las he llevado a Cirilo. He pensado que para lo que le queda en el convento, pues que sea feliz. Además, mientras que la expansión arranca hay que captar nuevos clientes que la competencia es dura y los jóvenes son más de fumar.

LOLA: ¿¿¿Cómo??? ¡Qué pasa! ¿Ahora vas de catalana? Te has hecho tu propia consulta y te has independizado de la cooperativa. ¿Con qué permiso?

ADRI: Igual hay que anular la votación porque esto no lo veo yo claro…

LOLA: Dijimos que no y punto. Hemos estado a punto de entrar al talego y tú sigues empeñada en cagarla.

JULIA: ¡Qué exagerada eres! Aquí no ha pasado nada y todos tan contentos, y el abuelete el que más.

ADRI: Hombre todo es valorarlo…Yo lo veo contento. Canta por los pasillos, ha recuperado la memoria y hasta ha bajado el índice de suspensos.

LOLA: Adri, eres una veleta. Deja de escuchar a la loca y hazme caso. Esta es la última tanda de la cosecha y lo dejamos y punto, y no se hable más.

JULIA: Joder, pues si yo soy catalana tú debes de ser el mismísimo Rajoy. Ni que tuvieras la mayoría absoluta para imponer tus leyes.

Una tos forzada interrumpió el debate. Estaba de espaldas al mostrador pero, nada más oler esa colonia cara y pegajosa, supe que era él. Me di la vuelta y, al verlo, todo se me removió por dentro. Me puse muy seria pero en el fondo estaba deseando ablandarme.

GUILLERMO: ¿Cómo están mis chicas? Pili y Mili, os he echado de menos.

LOLA: ¿De qué vas? Aquí de guay, como si fusemos coleguis…

(Esperando disculpas en 3,2,1….¿0?)

GUILLERMO: Nada, si yo solo quería haceros un encargo. El fin de semana organizo una fiesta en Las Rozas con unos amigos. Seremos unos 100 invitados y sé que les encantará probar las magdalenas (guiño, guiño, carita sonriente)

¡Qué decepción! Un puñetero interesado.

LOLA: Te vas de aquí echando leches. ¡Menudo gilipollas!

JULIA: ¡Pero no le hables así a nuestro querido Rivas!…Discúlpela guapo, que no sabe lo que hace. ¿Cuántos invitados dices que habrá?…

LOLA: ¡Judas! ¡Sois los dos iguales! ¡Qué se vayan, él y todos sus amigos pijos, a la mierda!

Julia me dio un codazo que casi me tumba. La tía no es capaz de entender que la dignidad está muy por encima del dinero.

GUILLERMO: Chicas, tranquilas, os dejo un día para pensarlo. Mañana me decís…Por cierto ya sabéis que pago por adelantado.

Julia parpadeaba con el sonido de una caja registradora. Adri había dejado de mirar a Rivas con recelo de macho dominante y hasta le había sonreído.

¡Putos materialistas!

Me serené. Saqué mi mejor sonrisa y puse tono dulce.

LOLA: ¿Por qué no invitas a Cirilo a tu fiesta? ¿Sabes que casi la palma por nuestra culpa? ¡Vete, vete a hablar con él! A ver si a tus amigos les parece divertido la cata de cupcakes.

Julia me pegó un estirón de pelos. Yo directamente le mordí. Al final se impondrá la ley del más fuerte. A la mierda los debates.

 

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