LOLA. Día 20: Flechazo a primera vista.

Ni mordazas, ni esparadrapos, ni tazas con diez sobres de tila. Nada sirvió para amansar a la fiera China que parecía un demonio poseído a punto de ser torturado. Todos se fueron de casa con la cabeza a punto de estallar y me dejaron sola con el marrón, al borde del abismo.

Una hora después de que se intensificaran los gritos de socorro, Dolores, la vecina del quinto, ya estaba chismorreando con medio patio de vecinos. No tardaron ni cinco minutos en picar el timbre hasta quemarlo.

LOLA: ¡¡Ya va!! ¡Dos minutos, que estoy en el baño!

Coloqué rápidamente el salón para eliminar las pruebas del delito pero, como a Rato, la jugada me salió mal. No me había dado tiempo a abrir la puerta, cuando veinte caras agresivas me asaltaron con odio, esperando una respuesta que calmase sus instintos asesinos. La primera en entrar fue Dolores que empujó la puerta al estilo de los GEO.

DOLORES: ¿Pero qué es todo este alboroto? ¿Qué está pasando aquí?

LOLA: ¡Qué pasa Dolorines!, ¡¿qué ya se te ha acabado el Salvame y te aburres de cotillear por la mirilla?!

Justo en ese momento La China intensificó sus gritos de auxilio y empezó a llorar como un cerdo de camino al matadero.

De repente, Milagros, la vecina del cuarto, me miró con los ojos inyectados en sangre y me acusó de ser la más perversa sádica de todos los tiempos.

MILAGROS: ¡Seguro que estás haciendo sadomacosinmo de ese, que eres una pervertida, una perdida…como en la película esa de las 50 sombras del Rey! ¡Si es que mira que eres golfa!

Todos mis intentos de ser educada se fueron por la borda y mis gritos calmaron, por fin, los de La China.

LOLA: ¡Pandilla de amargadas marujonas, iros a vuestra maldita casa a seguir con vuestra aburrida vida de pazguatas!

MILAGROS: ¡Ahora mismo vamos a llamar a la policía!

LOLA: ¡Eso es! ¡A ver si las detienen porque su grado de estupidez debería estar tipificado como delito en el Código Penal!

Empujé a Dolores al pasillo y con el cepillo amenacé al resto. El portazo resonó en toda la comunidad. Ahora ya tenían argumentos de peso para criticarme con razón.

Varias veces escuché las sirenas de fondo y, muerta de miedo, imaginándome en Alcatraz hasta el fin de mis días, le escribí un mensaje a la única persona que podía ayudarme en estos casos. Mi adorada y queridísima amiga María, que tras su viaje a la India había cambiado su nombre en el registro por el de Naya, llegó a casa con una túnica de colores y muchas ganas de contarme las mil y una experiencias que había vivido en su viaje.

Casi recién aterrizada y con el jet lag en los ojos, no me echó en cara mi “por el interés te quiero Andrés” y prometió ayudarme con sus nuevas terapias espirituales, karmáticas de segundo grado.

A pesar de mi incredulidad y férrea racionalidad, lo que ocurrió en aquel cuarto fue algo cósmico, indescriptible, irreal… Cuando MaríaNaya miró a La China, el silencio lo inundó todo. Se encerraron en la habitación toda la noche y yo perdí la noción del tiempo intentando dormitar en el sofá.

A la mañana siguiente, María y la China salieron del cuarto agarrados de la mano. Sus caras parecían una conversación pastelona de Whatsapp.

MIRADA

GUIÑO, GUIÑO

CARITA SONRIENTE

BESO, ¿¿¿CON CORAZÓN???

Me no enterder. China ya no preocupar. María todo solucionar.

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JULIA. DÍA 19: Hoy le he visto… le he visto y me ha mirado ¡Hoy creo en Dios!

Por fin. Ha pasado. Le he vuelto a ver. Yo salía de la Facultad de Filosofía porque había ido a entregar un pedido (iba rollo casual, con vaqueros, converse y jersey básico) cuando lo encontré charlando animadamente con mi hermana. Se me paró el corazón. Iba sin uniforme. Me lancé rápidamente a ellos porque la aversión de Lola a las Fuerzas de Seguridad es superada por sus ganas de fastidiarme y la veo muy capaz de flirtear con él solo para darme en las narices.

YO.- ¿Conoces a mi hermana?

Me encanta decir esa frase y ver la cara que se le queda a la gente. La de mi poli era la clásica de “hostia, son gemelas y estoy hablando con esta pensando que era la otra”.

LOLA.- Creo que me has confundido con Julia. (A mí) Me está preguntando por las magdalenas.

JULIA.- ¿Ah sí? ¿Quieres probarlas?

LOLA.- ¿Es colega tuyo? Le he dicho que no servimos en la facul porque hemos tenido movidas. Mejor pásate por casa o…

Hubiera preferido que le estuviera tirando los trastos en lugar de delatarnos de una manera tan estúpida.

YO.- Lola, este es el policía que resolvió el malentendido en la Francisco de Vitoria.

La cara de mi hermana fue mejor aún que la del poli.

LOLA.- Bueno, creo que te has equivocado.

YO.- Qué casualidad que nos hayamos encontrado precisamente aquí, ¿verdad?

POLICÍA GUAPO.- Pues sí.

YO.- Lola, te llama Adrián, no sé qué de unos apuntes.

LOLA.- ¿Qué apuntes? Si ya hemos acabado la carrera.

YO.- Pues algo necesita de ti urgentemente, Lola.

Lo de la telepatía de los gemelos es una leyenda urbana.

YO.- Aún no me has dicho cómo te llamas.

POLICÍA GUAPO.- Me llamo Pablo.

Pablo y yo dimos una vuelta por el campus mientras charlábamos sobre mi vida en London y un poco de todo, lo típico para empezar a conocerse. En plan súperbien. Es que me parece alucinante que me haya estado buscando por todas las universidades de Madrid. Porque es obvio que lo ha hecho.

Cuando llegué a casa me esperaba la Inquisición.

LOLA.- Julia, sabía que eras tonta, pero no creía que tanto.

JULIA.- Perdona, la que ha estado a punto de largarle todo a un perfecto desconocido que ha resultado ser un policía eres tú.

ADRIÁN.- Julia, tenemos que tener mucho cuidado con él. No sé cómo coño nos ha encontrado.

JULIA.- Ya, es que le gusto un montón, ¿verdad?

ADRIÁN.- No le molas una mierda, te ha buscado porque nos está investigando.

Adrián está tan celoso que no sabe qué inventar.

LOLA.- Si te vuelvo a ver con ese pitufo te reviento la cabeza.

Se acabó la dialéctica y la retórica y las chorradas esas de filósofos. Un amor imposible. Me encanta.

Viene la pasma

Pasé toda la tarde mordiéndome las uñas al mismo ritmo que si me hubiera comido dos bolsas de pipas. Estaba tan atacada que me veía ya postrada en la cama que había al lado de la de Cirilo. Víctima y verdugo juntos. Los remordimientos me comían las entrañas.

Yo no sé como Julia podía estar tan tranquila. Leía una de esas revistas de moda mientras escuchaba música en el móvil. Incluso se atrevía a charlar amablemente con Casimiro. Se notaba a la legua que ella le caía bien, decía que era una chica muy atenta y educada.

CASIMIRO: ¿Se puede saber por qué leches seguís vosotros aquí? Ni que fueseis los nietos…

ADRI: Le tenemos mucho aprecio a Cirilo.

LOLA: Es el profesor más querido de toda la facultad.

CASIMIRO: Menos peloteo, majos. A ver si pensáis que os va a aprobar por la cara, solo por estar aquí aparentando que lo adoráis.

Me daban ganas de meterle dos guantazos y decirle cuatro verdades, pero no era el mejor momento para la violencia. Dos agentes cachas, con cara de mala leche perpetua, entraron en la sala de espera. No entendían porqué los habían llamado para una chorrada cuando en el mundo pasaban cosas serias.

POLICÍA: A ver, ¿quién es Casimiro Suárez?

CASIMIRO: Para servirles.

POLICÍA 2: Debe haber un error. Buscamos al hijo de un anciano.

CASIMIRO: Le digo que es mi padre.

Los policías se miraban incrédulos. “Si el padre de ese hombre está vivo, debe ser una momia”, escuché que le dijo entre susurros uno al otro.

Casimiro estaba rojo de rabia. Empezó a hablar de una conspiración universitaria para acabar con la vida de su progenitor, un hombre recto, severo y honrado que había sido envenenado a traición.

Los agentes escucharon sin mucho interés hasta que llegó el médico y les indicó que podían pasar a tomar declaración a Cirilo. El hombre había despertado sereno y con una sonrisa de oreja a oreja.

El corazón se me iba a salir del pecho. Fui al baño unas cinco veces. Me mordí los labios hasta que sangraron y, cuando ya no me quedaban pieles que arrancar de los dedos, salieron los policías de la habitación riéndose a carcajadas.

Casimiro, inquieto, salió a su paso corriendo.

CASIMIRO: ¿Quiénes son los culpables? Solo espero que recaiga sobre esos inmorales todo el peso de la ley.

POLICÍA 1: Mire, su padre no ha sido drogado. Ha confesado que fue consumo propio.

POLICÍA 2: Puede que sea el secreto de la larga vida (Estallando de risa).

CASIMIRO: ¡Pero bueno!, son ustedes unos impresentables. Esto no va a quedar así.

MÉDICO: Por favor, mantengan las formas. De verdad, Casimiro, que se sorprendería de todo lo que vemos llegar aquí… El consumo de drogas en gente mayor ha aumentado con la crisis. Los abuelos no dan para más ayudando a los hijos, a los nietos… y al final se refugian en lo que pueden…

Mientras que la discusión se calentaba, aprovechamos el descuido para entrar a ver a Cirilo. Aunque estaba paliducho, parecía estar mejor que nunca.

LOLA: Gracias Cirilo, de verdad.

ADRI: Nosotros queremos pedirle perdón…Nunca pensamos que…

CIRILO: Nada, nada. A mí no me contéis historias. Yo no quiero saber mucho…ni perdones, ni disculpas. Es verdad que creí que esta vez veía la luz esa blanca que dicen que hay al final del túnel, pero resulta que es negra. Sentí una angustia existencialista que nadie podría explicar, ni el mismísimo Sartre.

LOLA: Nos sentimos muy culpables.

CIRILO: Calla, calla. ¡Con lo feliz que me han hecho esos dulces! No me reía tanto desde que mi hijo le tiró los trastos a la duquesa de Alba. Yo con que lleguemos a un acuerdo me conformo. Cada dos semanas me vendéis una bolsita de esos bollos vuestros y todos tan contentos.

Me quedé como una piedra. Ni de coña.