LOLA. Día 15: ¡Bienvenida, China!

En casa de la familia Santos la cuesta de enero dura hasta mayo. Ya no queda dinero debajo del colchón y, la idea del abuelo de poner cirios y velas por la noche, empieza a asustarme. Dormimos con camiseta térmica, pijama y cinco mantas y, por si alguien tiene la tentación de encender la calefacción, mamá ha precintado los radiadores. No nos lo podemos permitir.

Por las noches, cuando me castañeaban los dientes y escuchaba a Julia sonarse los mocos, echaba de menos a Rob. A pesar de su olor a vómito de sangría, su alquiler pagaba gran parte del soporte energético.

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