LOLA. DÍA 18: Huelga general

Ayer compré unas cartulinas blancas y les pegué unos palos de fregona. El abuelo me ayudó a escribir las consignas con rotuladores de colores y quedaron unas pancartas preciosísimas, dignas de exposición.

“Por un empleo ilegal, pero digno”

“Los delincuentes también tenemos derechos”

“El rastas y la novia nos dejan sin futuro. Yo hoy no cocino magdalenas en defensa de mis derechos laborales”

Con todo el tinglao montado, reuní con carácter de urgencia y extraordinario a toda la cooperativa (menos a los jefazos). Me puse mi ropa más borroka y repartí panfletos comunistas a diestro y siniestro. Puri y Toñi estaban tan agotadas que prometieron secundar la huelga todos los días que hiciera falta. No dormían más de tres horas seguidas por la presión de trabajo a la que estaban sometidas y ya no tenían ni siquiera tiempo para ver “Amar en tiempos dispersos” o para leer la Pronto. Con el cotilleo habíamos topao.

El abuelo, que se puso vaqueros rotos para la ocasión, propuso hacer un escrache en la casa de Florieke y Mamá, sorprendentemente, no se opuso a nada. Debe ser que se le  estaban agotando todas sus reservas de paciencia y positividad.

La huelga general era un hecho. Todos los votos a favor pedían venganza y a nadie pareció importarle que Julia y Adri no estuvieran presentes (¿dónde se habrían metido?). Ahora lo importante era plantarle cara a la nórdica y a su guardaespaldas rastroso.

Florieke llegó como todas las mañanas con el cronómetro en la mano y, al no ver a nadie en la cocina, puso el grito en el cielo. Me levanté con calma y le dije que estábamos de huelga.

FLORIEKE: ¿Cómo?, ¿con qué derecho?, ¿tú no te das cuenta que no está el negocio como para perder el tiempo?

LOLA: ¿Y tú no te das cuenta de que no puedes tratar a la cooperativa como a tus esclavos?

Cogió el móvil con rabia pero nadie le contestó, sólo su novio acudió para consolarla.

FLORIEKE: ¿Sabes qué?, no os necesito. Me valgo y me sobro yo solita. Ya me suplicaréis que os readmita.

La dejé hablando sola y me volví a dormir plácidamente. Sus gritos me despertaron a las dos horas cuando salí a comprobar el desastre de magdalenas que había hecho. La levadura no había subido y el sabor era peor que el de las que hacía mamá en sus inicios.

FLORIEKE: A ver Lola, ¿cuáles son tus condiciones?

LOLA: Estaré de nuevo al frente de la supervisión y en la captación de clientes. Además dejarás de poner normas absurdas. Adiós a temporizar el trabajo y a las prohibiciones. Deja a la gente que esté contenta y feliz y aumentará la producción.

FLORIEKE: Son unos vagos. Sólo saben funcionar bajo el látigo como todos los españoles.

Poco a poco, todos los miembros de la cooperativa que estaban escuchando tras la puerta entraron en la codina con ganas de pillar un cuchillo y cortarle la lengua.

FLORIEKE: Está bien. Relajare los tiempos de trabajo, pero seguiré controlando todo muy de cerca. Lola podrá volver a la supervisión en la cocina pero no a la captación de clientes porque Julia y Adri hacen un gran equipo.

Justo en ese instante de revuelo, la pija llegó con el pijo descafeinado y nos miraron con miedo.

JULIA: ¿Qué ha pasado aquí?… ¿ya os habéis enterado?

LOLA: ¿Enterarnos de qué?

ADRI: Casi nos detienen en la Universidad Francisco de Vitoria. ¿Ha venido aquí algún policía?

FLORIEKE: ¿¿¿¿CÓMOOO??? ¿Pero qué habéis hecho?

LOLA: Ay Florieke, ¡qué bien lo hacen!, ¿eh?, menudo GRAN equipo de captación que tienes.

El sabor del triunfo no lo podría empañar en ese momento ni la peor de las noticias.

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LOLA. Día 5. Instinto asesino.

Lola, amable y solidaria, siempre dispuesta a echar un parlao con el portero, los vecinos y con algún que otro colgao de la calle, ahora se estaba convirtiendo en un monstruo que odiaba el contacto humano.

Últimamente me sentía irascible. Todo me tocaba los ovarios y mucho más que me despertaran cuando estaba en el momento culmen de mis sueños. (Cogía la pistola, me acercaba lentamente, se quitaba la camisa y, cuando estaba a punto de disparar, sonaba el puto teléfono).

Eran las cinco de la mañana. Tenía unas quince llamadas perdidas y un audio de lo más peculiar. La voz parecía un remix de Falete con Leticia Sabater. Las instrucciones eran claras.

CHONI: A ver, hippiecostras, los bollos están de muerte. Yo le doy salida sin problema. Estoy mal de pasta y un sueldo extra me viene debuti. Vente mañana y hablamos.

La Jenny de Bellas Artes era una tía lista, en el fondo. Yo no tenía ninguna esperanza de que llegáramos a un acuerdo, pero que quisiera negociar ya me parecía un logro.

Quedamos en el parque de la facultad. No hubo saludo y casi ni nos miramos a los ojos.

CHONI: A ver, que no tengo mucho tiempo. Me quedo con el 85% de los beneficios de lo que se venda aquí, ¿vale? Corro mucho peligro porque hay demasiados seguratas, ¿sabes? Además, tengo experiencia, lo haré bien. En el colegio revendía los Kit Kat que le robaba a los niños y sacaba más del triple de lo que valían…

Casi me da un síncope pero de los nervios me entró un ataque de risa.

LOLA: ¿¿¿¿UN 80 Y QUÉ????….¿Pero tú te crees que a mí me regalan la materia prima y la mano de obra? Estás loca tía si crees que por ahí van a ir los tiros…

CHONI: 75% y de ahí no bajo.

LOLA: ¿Pero tú te chutas? Eso no lo cobro ni yo, bonita.

CHONI: Pues mira que si me chivo… lo tenéis crudo, que me he guardado una magdalena como prueba y os puedo meter un puro. Veo mucho lo del CSI ese y se os puede caer el pelo.

No sabía si estrangularla o pegarle un guantazo limpio. Yo, Lola Santos, amenazada por una quinqui de barrio. Necesitaba pensar rápido.

La negociación duró horas. No me atreví a decirle que sólo le podría ofrecer un 5% (como mucho) de las ganancias, pero lo que estaba claro es que no podía perder el único contacto que tenía, por el momento, en una de las facultades con más porreros de todo Madrid.

Entre tanto tira y afloja, se me fue el tiempo y llegué tarde, otra vez, a la fotocopiadora. Mi jefe miraba el reloj ansioso y me puso falta grave (llevo cinco esta semana).

Cada vez lo trago menos. Me mira con inquina, me exige un nivel de dos encuadernaciones por minuto y ensucia todo con tinta para obligarme a limpiarlo después. Si me descuido, hasta de la nómina me quita dinero.

Cuando salgo de allí juro que no volveré, pero es entrar por la puerta de casa y ver los ojos de gato de Shrek que me ponen mi madre y mi hermana…….y vuelvo a caer.

JULIA: Piensa que es un medio para ganar más.

ELVIRA: Te necesitamos allí.

¡Nos ha jodido! Sobre mi espalda recae el meollo. Ahora tengo que ganarme la confianza del distribuidor de toner que viene los jueves. El colega es un chulo que se cree tronista de Hombres, Mujeres y Viceversa y con él tendré que trabajar para llevar la mercancía a las universidades sin levantar sospechas…en su furgoneta cañera, con reggaetón, al máximo volumen.

Esto no está pagado.

Quiero dimitir.

No hay balas suficientes para acabar con tanto tonto que anda suelto.