LOLA. Día 15: ¡Bienvenida, China!

En casa de la familia Santos la cuesta de enero dura hasta mayo. Ya no queda dinero debajo del colchón y, la idea del abuelo de poner cirios y velas por la noche, empieza a asustarme. Dormimos con camiseta térmica, pijama y cinco mantas y, por si alguien tiene la tentación de encender la calefacción, mamá ha precintado los radiadores. No nos lo podemos permitir.

Por las noches, cuando me castañeaban los dientes y escuchaba a Julia sonarse los mocos, echaba de menos a Rob. A pesar de su olor a vómito de sangría, su alquiler pagaba gran parte del soporte energético.

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LOLA. DÍA 13: Manos al aire

Orden del día: trabajar la imagen corporativa del producto. En el grupo de Whatsapp que tenemos (happy bollos) dejé muy claro que la reunión empezaría a las 6 de la tarde pero, como siempre, la Puri no llegaba. Apareció media hora después con el mandil colgando del cuello y la Pronto en la mano.

PURI: ¿Se puede saber qué es tan importante? Lola, ¿ya la has liado otra vez?

JULIA: Nada, resulta que a la niña se le ha ocurrido que tenemos que decidir entre todos el color de los envoltorios de las magdalenas, una decisión de vida o muerte, vamos.

PURI: ¿Me estás diciendo que me he perdido el final de “Amar en tiempos tormentosos” por esta gilipollez? ¡Venga hombre, que alguien eche a esta muchacha de una vez que nos va arruinar el negocio y a mí me está agotando la santa paciencia!

LOLA: Puri, tú tienes de santa lo que yo de monja. Bien que cuando repartimos los cuartos estás aquí la primera, pero si hay que pensar, rápido te escaqueas.

ABUELO: Bueno, bueno, calma. Escuchemos a Lolita.

ELVIRA: El diseño del producto es muy importante. Vengaaa, ¡callaros!, que cuanto antes acabemos antes nos vamos.

LOLA: Vivimos en los tiempos de la imagen y los colores que nos representen deberán estar perfectamente definidos.

RASTAS: Maja, vete al grano que no tenemos toda la tarde.

LOLA: A ver, en la pizarra hay varios colores. Elegiremos uno para los nuevos envoltorios de las magdalenas. Como a mano alzada siempre hacéis trampas, sobre todo Curro que vota a todo que sí, pues vamos a establecer un sistema de votación que ya quedará registrado para todas las asambleas.

CURRO: ¿Para esto he salido yo antes del curro? ¡Qué bobada!

LOLA: A ver, si levantamos las dos manos y las movemos a la vez, eso quiere decir que sí.

PURI: ¿Así?

LOLA: No Puri, no es como si estuvieras bailando el Aserejé, es más del estilo como si te estuvieras secando las uñas…Bien, así. En el caso de que queramos decir que no nos gusta, levantamos la mano izquierda y la bajamos hacia el suelo, como cuando el abuelo mata moscas.

JULIA: ¿Y si hacemos el pino puente qué significa, que eres tonta de remate?, ¿pero tú te crees que esto es Barrio Sésamo?

Julia se levantó echa una furia y se fue. Los demás la siguieron como ovejas al pastor y sólo el abuelo se quedó ensayando las nuevas formas de voto. El pobre estaba más perdido que cuando de pequeñas íbamos a la Feria de Abril y nos intentaba enseñar a bailar Sevillanas.

No me rendiré. La falta de cultura democrática no acabará con mi deseo de establecer mecanismos justos dentro de la cooperativa. Una pequeña derrota no me alejará de mi gran victoria.

Paseé toda la tarde por el parque para masticar la indiferencia que el mundo tenía hacia mí. Era uno de esos días en los que no quería volver a casa pero no me quedaba más remedio. Al entrar, no me esperaba encontrar un guateque tan molón.

¿Maletas en la puerta? Rob había acabado su etapa de eterno vividor. Lloraba porque se marchaba y le agradecía eternamente a Mamá su hospitalidad. Papá no estaba porque, la verdad, seguro que deseaba librarse del Erasmus más gorrón y borracho que habíamos albergado en casa. Cuando me vio, de la emoción me cogió para bailar y decirme, en un español poco claro, que a pesar de nuestras diferencias yo le caía bien.

Adri revoloteaba por el salón achispado por la cerveza y seguro que por alguna que otra magdalena de más.

ADRI: ¡Cambio de pareja! Lady, ¿me dedicas este baile?

Reggae a modo de pasodoble. Lo más divertido que había visto nunca. Después de que Adri me pisara media docena de veces y de que se me acercará peligrosamente, decidí que lo mejor era tomar el aire en la terraza.

Me miró fijamente a los ojos y se acercó lentamente. Me quedé a un palmo de saber si besaba bien…

ABUELO: ¡Qué viva la juventud!, pero que yo me aclare, ¿eres Julia o Lola?…Más que nada por si él tampoco lo tiene claro.

JULIA. DÍA 13: Si cuela, cuela

Estaba yo en la cama escuchando esto:

cuando entró el abuelo.

-Hija, ¿qué haces ahí tumbada?

-La pregunta no es esa abuelo. La pregunta es, ¿qué haces tirada en la cama tocándote los ovarios?-gritó Lola desde la cocina.

-No es mi turno. Dejadme en paz.

-¿No tenías que estar en casa de la niña dando clases?—Yo pensaba que el abuelo pasaba de mí totalmente, pero se ve que me conoce mejor de lo que yo creía.

-Abuelo, se acabo ese trabajo.

-¿Te han echado?

-No me han dicho nada, pero después del número que montó tu nieta no espero ni el finiquito.

-Oye, pues ellos estaban allí poniéndose ciegos a magdalenas.

-Es verdad.

(Pausa. Igual no les parece tan horrible tener una profe-camella, ¿no?)

El razonamiento del abuelo Mariano era el siguiente: “cuando la has cagado mucho, lo mejor es comportarte como si no hubiera pasado nada. Si cuela, cuela”.  Así que fui a casa de Marina como un lunes cualquiera, con mi outfit de profesora particular y mi carpeta bajo el brazo.

Llamé al timbre. Me abrió su madre.

-Julia, qué sorpresa.

-Perdona que llegue un poco más tarde.

-No, si–

Entré directa hacia la habitación de Marina para evitar cualquier conversación previa que me condujera a una situación incómoda.

-Julia, espera, que quiero hablar contigo.

Mierda.

-Ya, yo también quería hablar contigo. ¿First Certificate o Toeffle? La respuesta está en la decisión ¿UCLA o Cambridge? Ya sabes que yo soy más pro rollo british pero–

-La fiesta, Julia. De lo que quiero hablar es de la fiesta.

Pues no, abuelo, no ha colado.

-Los valores que representas no son los que queremos transmitirle a nuestra hija. Nos has mentido, Julia. Tú no tienes una empresa de muffins, tú traficas con droga. Nosotros no podemos dejar que te relaciones con nuestra hija, ¿me entiendes? Sería como darle barra libre para que aparezca fumada cada semana. Además Susana y Guillermo están muy mal por tu culpa, te has metido en medio de una familia. -Marina asomaba, de vez en cuando, la cabeza desde el otro lado de la puerta. No me había escrito ni un whatsapp desde la fiesta. Ahora entendía por qué.

-Para empezar: no fui yo la que se lió con Guillermo. Fue Lola, mi hermana gemela, disfrazada de mí. Y por cierto, lo hizo por despecho, porque él le estaba calentando las bragas desde hace meses y el detalle de que tenía mujer e hija como que se le olvidó contarlo. Segundo: sí tengo una empresa de muffins, no os he mentido. Se llama Magdalenas de la Risa. En la cooperativa estamos mi madre, sus compañeros del curso de búsqueda de empleo, mi hermana, el amor de su vida, mi abuelo, un chico que tocaba la guitarra en el metro y su novia holandesa.  Solo os he ocultado uno de los ingredientes de los muffins, al que tu marido y tú no le pusisteis muchas pegas en la fiesta, ¿no? Y para terminar: Los que le dais barra libre a vuestra hija sois vosotros comiendo magdalenas de marihuana delante de su cara.

Salí de esa casa sin decir nada más y aguantándome las lágrimas. ¿Así iba a ser siempre? ¿Iba a perder a todas aquellas personas que me importaban por las Magdalenas de la Risa? ¿Cuántas veces tendría que soportar que me llamaran traficante? Fui hacia el centro comercial en busca de un paquete de galletas de chocolate con las suficientes grasas saturadas como para consolarme y allí estaba él.  No estaba yo de mucho humor para ponerle ojitos al cajero de Mutadona.

-Mira, ya que te veo me despido de ti, ¿vale?

-¿Por qué?

-Ya no trabajo en la Moraleja y este Mutadona me queda un poco lejos de Lavapiés.

Le di un beso en la mejilla entre varios brotes de acné en un alarde de generosidad por mi parte y me marché.

Al llegar a casa vi un whatsapp. La madre de Marina.

“Julia, he sido muy brusca contigo esta tarde. Entiéndeme: mi hija es adolescente y yo tengo que darle una educación. Una cosa es lo que te he dicho para que ella lo escuchara y otra lo que pensamos mi marido y yo. Nosotros estamos interesados en vuestro producto, pensamos que es excelente. ¿Cómo podemos hacer para comprar una bolsita?

¡¿WTF?!