Viene la pasma

Pasé toda la tarde mordiéndome las uñas al mismo ritmo que si me hubiera comido dos bolsas de pipas. Estaba tan atacada que me veía ya postrada en la cama que había al lado de la de Cirilo. Víctima y verdugo juntos. Los remordimientos me comían las entrañas.

Yo no sé como Julia podía estar tan tranquila. Leía una de esas revistas de moda mientras escuchaba música en el móvil. Incluso se atrevía a charlar amablemente con Casimiro. Se notaba a la legua que ella le caía bien, decía que era una chica muy atenta y educada.

CASIMIRO: ¿Se puede saber por qué leches seguís vosotros aquí? Ni que fueseis los nietos…

ADRI: Le tenemos mucho aprecio a Cirilo.

LOLA: Es el profesor más querido de toda la facultad.

CASIMIRO: Menos peloteo, majos. A ver si pensáis que os va a aprobar por la cara, solo por estar aquí aparentando que lo adoráis.

Me daban ganas de meterle dos guantazos y decirle cuatro verdades, pero no era el mejor momento para la violencia. Dos agentes cachas, con cara de mala leche perpetua, entraron en la sala de espera. No entendían porqué los habían llamado para una chorrada cuando en el mundo pasaban cosas serias.

POLICÍA: A ver, ¿quién es Casimiro Suárez?

CASIMIRO: Para servirles.

POLICÍA 2: Debe haber un error. Buscamos al hijo de un anciano.

CASIMIRO: Le digo que es mi padre.

Los policías se miraban incrédulos. “Si el padre de ese hombre está vivo, debe ser una momia”, escuché que le dijo entre susurros uno al otro.

Casimiro estaba rojo de rabia. Empezó a hablar de una conspiración universitaria para acabar con la vida de su progenitor, un hombre recto, severo y honrado que había sido envenenado a traición.

Los agentes escucharon sin mucho interés hasta que llegó el médico y les indicó que podían pasar a tomar declaración a Cirilo. El hombre había despertado sereno y con una sonrisa de oreja a oreja.

El corazón se me iba a salir del pecho. Fui al baño unas cinco veces. Me mordí los labios hasta que sangraron y, cuando ya no me quedaban pieles que arrancar de los dedos, salieron los policías de la habitación riéndose a carcajadas.

Casimiro, inquieto, salió a su paso corriendo.

CASIMIRO: ¿Quiénes son los culpables? Solo espero que recaiga sobre esos inmorales todo el peso de la ley.

POLICÍA 1: Mire, su padre no ha sido drogado. Ha confesado que fue consumo propio.

POLICÍA 2: Puede que sea el secreto de la larga vida (Estallando de risa).

CASIMIRO: ¡Pero bueno!, son ustedes unos impresentables. Esto no va a quedar así.

MÉDICO: Por favor, mantengan las formas. De verdad, Casimiro, que se sorprendería de todo lo que vemos llegar aquí… El consumo de drogas en gente mayor ha aumentado con la crisis. Los abuelos no dan para más ayudando a los hijos, a los nietos… y al final se refugian en lo que pueden…

Mientras que la discusión se calentaba, aprovechamos el descuido para entrar a ver a Cirilo. Aunque estaba paliducho, parecía estar mejor que nunca.

LOLA: Gracias Cirilo, de verdad.

ADRI: Nosotros queremos pedirle perdón…Nunca pensamos que…

CIRILO: Nada, nada. A mí no me contéis historias. Yo no quiero saber mucho…ni perdones, ni disculpas. Es verdad que creí que esta vez veía la luz esa blanca que dicen que hay al final del túnel, pero resulta que es negra. Sentí una angustia existencialista que nadie podría explicar, ni el mismísimo Sartre.

LOLA: Nos sentimos muy culpables.

CIRILO: Calla, calla. ¡Con lo feliz que me han hecho esos dulces! No me reía tanto desde que mi hijo le tiró los trastos a la duquesa de Alba. Yo con que lleguemos a un acuerdo me conformo. Cada dos semanas me vendéis una bolsita de esos bollos vuestros y todos tan contentos.

Me quedé como una piedra. Ni de coña.

 

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Lola. Día 6: Bajo sospecha

Calculo que Cirilo debe de rondar los 137 años. Tiene el pelo largo y blanco, como los colegas de Platón y Aristóteles. Si llevara una túnica, se remontaría a la época de antes de Cristo.

Pero sin saberlo, Cirilo se ha convertido en el profe más hipster de toda la facultad. Su barba descuidada y las gafas retro le dan un toque moderno que disimula la artrosis y la ciática. Cuando por los pasillos le preguntan que dónde compra esas camisas de cuadros tan chulas, él responde que se vayan al carajo. Tiene mala leche. Es un alma indomable, es la ley misma. A ver quién es el listo que le lleva la contraria cuando fuma por los pasillos.

Historia de la Filosofía Antigua no sería lo mismo sin él, sin sus clases a la antigua usanza, con pizarra y tiza, y sin su colonia fuerte que a algunos les da arcadas.

A mí me cae bien. Todos los días me visita con un nuevo despiste.

CIRILO: Lola, hija, dame un paquete de esos bolígrafos azules que pintan tan bien. Si es que no sé dónde he metido los de ayer…

Me pilló desprevenida. Yo, aprovechando que era la hora de menos afluencia, estaba empaquetando magdalenas para un pedido, y ni siquiera me dio tiempo a esconderlas. Me incorporé de un salto y me asusté al verlo pálido y al borde del desmayo.

LOLA: ¿Cirilo, se encuentra bien?

CIRILO: Nada, hija, es un bajón de azúcar. Si es que no he comido nada desde el desayuno. Anda, dame un dulce de esos que tienes ahí…

No tuve tiempo de reacción. Cuando me descuidé ya se estaba comiendo la magdalena y, claro, le sentó bien. En menos de dos segundos estaba repuesto.

CIRILO: Uy, ¡Pero qué buenas!, ¿son caseras? Dame otra hija, a ver si se me restablece la cabeza del todo.

Menudo listo. Con esos ojos de persona mayor, sin maldad, no podía decirle que no. Total, con dos tampoco le iba a pasar nada…grave…

LOLA: Bueno, pero solo una más que son para un encargo…

El jefe me llamó justo en ese momento. Tenía que subir folios a la secretaría. En el camino me encontré con Adri que venía a echarme una mano con los pedidos de la tarde.

Cuando volví, los dos se despedían al compás de un efusivo abrazo y consignas comunistas. Cirilo tenía la cara roja como un tomate, se iba quitando la chaqueta, la corbata…

ADRI: Es un grande. Mira que es más viejo que la Mojama, pero tiene más marcha que todos mis colegas, puestos, en una rave del Rustrel.

LOLA: Oye, ¿has visto las magdalenas que dejé por aquí?

ADRI: Le tuve que dar una al pobre. Casi se queda tieso por falta de azúcar…

LOLA: ¿¿¿Otra??? ¡¡¡Se ha comido tres conmigo!!! Oye, la bolsa está vacía….Le va a dar un colocón.

ADRI: ¡No jodas!….pero yo pensé…Yo no lo sabía…

LOLA: ¡Mierda!

Me empecé a agobiar. Cirilo es débil. Con el último catarro estuvo tres meses de baja.

ADRI: Tranquila, se quedará dormido y punto. Una dosis de felicidad y como nuevo.

La tarde transcurrió lenta, muy lenta…

Miraba el reloj constantemente. Me mordía los labios. Encuaderné varios libros con las páginas desordenadas…

Sentía el preludio de una muerte anunciada.

De repente, sonó una sirena.

Lo sabía. Respiré profundamente. Intenté pensar en positivo. Podría ser cualquier otra cosa….

Cuando subí, el 112 se llevaba a Cirilo.

La habíamos liado parda.