LOLA. Día 5. Instinto asesino.

Lola, amable y solidaria, siempre dispuesta a echar un parlao con el portero, los vecinos y con algún que otro colgao de la calle, ahora se estaba convirtiendo en un monstruo que odiaba el contacto humano.

Últimamente me sentía irascible. Todo me tocaba los ovarios y mucho más que me despertaran cuando estaba en el momento culmen de mis sueños. (Cogía la pistola, me acercaba lentamente, se quitaba la camisa y, cuando estaba a punto de disparar, sonaba el puto teléfono).

Eran las cinco de la mañana. Tenía unas quince llamadas perdidas y un audio de lo más peculiar. La voz parecía un remix de Falete con Leticia Sabater. Las instrucciones eran claras.

CHONI: A ver, hippiecostras, los bollos están de muerte. Yo le doy salida sin problema. Estoy mal de pasta y un sueldo extra me viene debuti. Vente mañana y hablamos.

La Jenny de Bellas Artes era una tía lista, en el fondo. Yo no tenía ninguna esperanza de que llegáramos a un acuerdo, pero que quisiera negociar ya me parecía un logro.

Quedamos en el parque de la facultad. No hubo saludo y casi ni nos miramos a los ojos.

CHONI: A ver, que no tengo mucho tiempo. Me quedo con el 85% de los beneficios de lo que se venda aquí, ¿vale? Corro mucho peligro porque hay demasiados seguratas, ¿sabes? Además, tengo experiencia, lo haré bien. En el colegio revendía los Kit Kat que le robaba a los niños y sacaba más del triple de lo que valían…

Casi me da un síncope pero de los nervios me entró un ataque de risa.

LOLA: ¿¿¿¿UN 80 Y QUÉ????….¿Pero tú te crees que a mí me regalan la materia prima y la mano de obra? Estás loca tía si crees que por ahí van a ir los tiros…

CHONI: 75% y de ahí no bajo.

LOLA: ¿Pero tú te chutas? Eso no lo cobro ni yo, bonita.

CHONI: Pues mira que si me chivo… lo tenéis crudo, que me he guardado una magdalena como prueba y os puedo meter un puro. Veo mucho lo del CSI ese y se os puede caer el pelo.

No sabía si estrangularla o pegarle un guantazo limpio. Yo, Lola Santos, amenazada por una quinqui de barrio. Necesitaba pensar rápido.

La negociación duró horas. No me atreví a decirle que sólo le podría ofrecer un 5% (como mucho) de las ganancias, pero lo que estaba claro es que no podía perder el único contacto que tenía, por el momento, en una de las facultades con más porreros de todo Madrid.

Entre tanto tira y afloja, se me fue el tiempo y llegué tarde, otra vez, a la fotocopiadora. Mi jefe miraba el reloj ansioso y me puso falta grave (llevo cinco esta semana).

Cada vez lo trago menos. Me mira con inquina, me exige un nivel de dos encuadernaciones por minuto y ensucia todo con tinta para obligarme a limpiarlo después. Si me descuido, hasta de la nómina me quita dinero.

Cuando salgo de allí juro que no volveré, pero es entrar por la puerta de casa y ver los ojos de gato de Shrek que me ponen mi madre y mi hermana…….y vuelvo a caer.

JULIA: Piensa que es un medio para ganar más.

ELVIRA: Te necesitamos allí.

¡Nos ha jodido! Sobre mi espalda recae el meollo. Ahora tengo que ganarme la confianza del distribuidor de toner que viene los jueves. El colega es un chulo que se cree tronista de Hombres, Mujeres y Viceversa y con él tendré que trabajar para llevar la mercancía a las universidades sin levantar sospechas…en su furgoneta cañera, con reggaetón, al máximo volumen.

Esto no está pagado.

Quiero dimitir.

No hay balas suficientes para acabar con tanto tonto que anda suelto.

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