LOLA. DÍA 9: Dictadura

A pesar de que me gusta la democracia y todo ese rollo, me siento genial cuando me hacen caso como si fuera una líder suprema. Julia y Adri han agachado la cabeza y han comprendido que tengo razón. No más riesgos y nada de magdalenas a gran escala. Acabamos la cosecha del pueblo y después volvemos a ser pobres, pero honrados.

Cuando me vi con un pie en la cárcel sentí que tenía que reorientar mi vida. Quizás debería irme a Tanzania a cuidar monos, plantar un huerto ecológico en el pueblo y quedarme a vivir allí o viajar al Tibet para un retiro espiritual.

Menos mal que últimamente en casa he encontrado la paz. Parece que empieza el letargo invernal. El abuelo es el único que está en marcha, con el frío, ha aparcado la venta de cervezas y se ha pasado al bando del castañero y del churrero, siempre sabe bien cómo moverse para sacar la máxima rentabilidad.

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Lola. Día 2: Una más…El Regreso

Las velas de vainilla eran cursis pero me di cuenta cuando ya llevaban veinte minutos encendidas, así que me fumé un porro para disimular el olor a cita que había en el salón y cambié la canción unas cinco veces. Los Stones eran nuestro lenguaje secreto y Keys to your love no dejaba nada a la imaginación.

Intenté que no pareciera preparado. Descoloqué la mesa, manché el mantel e incluso, a riesgo de parecer cutre, prepare poca comida, como para que pareciera que no llevaba 8 horas manchando cazuelas. Soja texturizada de grosor medio, risotto de champiñones y mini hamburguesas de quinoa… todo muy casual y nada elaborado.

Ya solo me quedaba el moño despeinado, los vaqueros nuevos y parecer que no esperaba nada, ni a nadie. Cuando escuché la llave, me hice la sorprendida. Guillermo me fulminó con la mirada rollo: estás loca por mis huesos y lo sabes. “¡Tengo el don de la oportunidad!, siempre sé llegar a tiempo.” En una mano traía vino del caro (de ese que solíamos beber de lunes a viernes porque no nos daba resaca) y en la otra una bolsa del FNAC.

Se cargó la decoración, apartó los platos de la mesa y sacó un paquete enorme. ME QUEDÉ MUERTA. La recopilación de las Conversaciones de Marx y Engels había sido mi reto pendiente de los últimos años y, sin duda, el mejor regalo que nadie que me conociera podría haberme hecho. En aquel preciso momento pensé “si se acerca no me voy a quitar”, pero solo me dio un beso en la frente y pensé…”de hoy no pasa”.

Bebimos demasiado vino (sacamos otras dos botellas de reserva) y cuando Guillermo se desabrochó los tres primeros botones de la camisa decidí que era el momento de apostar. Jugar al póker con dinero era divertido…pero hoy podríamos cambiar las normas. Prenda, verdad o 50 euros. Arriesgar o morir.

“¡Gané!… ¡Pero yo elijo beso!”.

Cerré los ojos.

Sentí que las mejillas me ardían.

La respiración se acercaba.

La carne de gallina…

…..y sonó el puto timbre.

A las dos de la mañana solo podría ser algún perdido pero, de tanto insistir hasta casi quemar el telefonillo, empezamos a pensar que era una broma de mal gusto.

Cuando sonó la cerradura me llevé un susto de muerte. Me quedé sin sangre en el bolsillo cuando vi a una pijolis alta y guapa, al estilo de la Angelina Jolie, acompañada de una niña gótica que, a pesar de parecer una adolescente, corrió a las piernas de Guillermo como si tuviera dos años. Mientras tanto, la señora estirada me miraba con recelo.

“¿Y esta quién es? (SILENCIO INCÓMODO) ¿UNA MÁS de tus alumnas?”

Con la cabeza muy alta esperé que me defendiera, que la echara a patadas o que simplemente me presentara, pero no. Guillermo se acercó a darle dos besos que, como una buena ex mujer,  aceptó a regañadientes y le dijo que yo ya me iba, que simplemente había ido a buscar un libro.

Cogí el móvil con furia. 78 mensajes de 8 conversaciones.

JULIA: Lola, tenemos que hablar de negocios.

LOLA: Ven a buscarme. Estoy en Castellana 162. URGENTE.

Bajé las escaleras de cinco en cinco preparando un discurso de indignación por si corría detrás de mí pidiéndome perdón.

“Mira, ni lo intentes. Ya me puedes decir misa. ¡Vete a la mierda!”. El vecino del segundo me miró asustada. Lo había dicho en voz alta.

Esperé ansiosa pero Julia no me preguntó nada. Yo tampoco di explicaciones.

“Vuelvo a casa”.

LOLA. DÍA 1: “Un mes después. Adicta”

“No me entero… ¿Te contó al final de dónde ha salido la puñetera pistola?”. María tenía la cara arrugada y los ojos como platos. Se pone fea como un demonio cuando se altera pero, no sé porqué, me da seguridad. La llamé para desahogarme. Necesitaba el contacto humano porque desde luego que Rivas últimamente parece de otro planeta. Desde que encontró el diario no deja de cachondearse. “Vaya perroflauta que escribe en un cuaderno con purpurina”. Pero no le basta con las palabras, ahora todas las semanas me compra la Superpop y otras mierdas del estilo. Hacemos juntos los test amorosos de compatibilidad. No llegamos ni al 1% pero nos entendemos bien.

Al final decidí que el diario podía esperar. Lo fui dejando y pensé, SIN PRESIÓN DE NINGÚN TIPO, que escribir mentalmente podría ser un ejercicio filosófico interesante, pero la verdad es que es una autentica mierda. Estoy en la parra.

MARÍA: ¡¡Tierra llamando a Lola!!…¡Estoy aquí tía!… ¡Estas empanada! ¿Te lo contó o no?

LOLA: Primero me dijo que era de juguete y, claro, yo me descojoné en su cara. Después se inventó que su padre es un policía jubilado…

MARÍA: Menuda gilipollez. Este tío no es trigo limpio…Tiene un perfil psicológico depredador…Te tienes que ir ya. No entiendo porqué no haces las maletas de una vez. Mírate. Eres otra. Te está absorbiendo la esencia. No eres mi Lola.

Si ya no bebo de las botellas y utilizo los vasos, resulta que según ella es porque me he refinado para gustarle, si me siento más recta es para parecer más elegante y si me he quitado las rastas es porque dentro de mí hay un conflicto de lucha de caracteres. El pijo me acerca a Rivas, el Punki me devuelve a Lavapiés. Siempre exagera.

Admito que los últimos vaqueros que me he comprado no están rotos y que puede que coma cosas de marca. Me he enganchado a una serie del canal de pago y cuando viene le mujer de la limpieza me llama señorita Rivas, pero eso no quiere decir que yo no siga siendo YO.

María cree que soy una yonki adicta a un amor platónico. Dice que he olvidado a mi gato (MENTIRA. Confío en que Erasmus lo está cuidando bien), al abuelo, las magdalenas y mis sueños.

Por ahora solo pienso en descubrir el maldito secreto de Guillermo. Es un reto. Mientras tanto, este es un buen lugar para reflexionar sobre quién soy y qué quiero en la vida. Aquí estoy bien. Me siento tranquila, relajada, en paz…

Cuando sonó el timbre di un brinco, me peiné el pelo con las manos, me coloqué la camiseta y salté por encima del sofá para abrir la puerta corriendo. Me temblaba todo. ¿Tan pronto había vuelto?

“Lola, es la pizza que habíamos pedido, ¿no te acuerdas? En serio, tienes que desengancharte de Rivas, te va a hacer daño. ¿Has visto los libros y las películas que tiene?….yo creo que es del CNI…Ten cuidado…”

María me hace reír tanto que aunque solo sea por eso merece la pena seguir aguantándola.

¿Guillermo, un espía?…jejejejejjejejejeje. IMPOSIBLE.

Escuchando…