LOLA. DÍA 4: CHONI+FACULTAD=FIN DEL MUNDO

Al final van a tener razón los testigos de Jehová y los de la secta del Conocimiento: el Apocalipsis está al caer. Si la Jenny estudia Bellas Artes, yo no quiero seguir viviendo en un mundo así. Flipé cuando llegué a la facultad y me tropecé con tal esperpento. Sin querer, le tiré la cerveza encima y se lió parda.

CHONI: ¡Mira por dónde vas, pija de mierda!

LOLA: ¿Me dices a mí? (ALUCINANDO EN COLORES)

CHONI: ¿Ves a otra estirada imbécil cerca?

LOLA: No. Lo único que veo es tu pelo grasiento y los dos loros que se te van a posar en los pendientes, esos horribles, que tienes.

Me quedé corta. Podría haberle dicho que su look de gitana-rumana era lo más nauseabundo que había visto en mucho tiempo, pero pasé porque a mí, en el fondo, la imagen me la sopla.

LOLA: ¿Has escuchado lo que ha dicho la cani?

ADRI: Hombre, la verdad es que ahora parece que hasta te arreglas y todo.

LOLA: Mira, no me calientes tú también la cabeza. La colega, yo no sé de dónde se ha escapado, pero no pinta nada aquí.

Puede que yo lo dijera demasiado alto o que sus pendientes de oro le dilataran el tímpano, pero la tal Jenny me escuchó y me restregó su carnet de alumna por toda la cara. Después, explotó su bomba de chicle en mi pelo y se alejó de mala leche barriendo el suelo con los pantalones de campana.

Si no hubiera ido a hacer negocios, habría salido de allí pitando pero recordé que tenía que ver a Toño, un antiguo amigo. Trabajaba en la fotocopiadora desde hace varios años y era el contacto más fiable que podría llegar a tener. Este sería el inicio de nuestro primer contrato de éxito.

Cuando llegué, preparada para un efusivo abrazo, me encontré otra vez a la choni haciendo fotocopias. Casi me da algo. Pregunté por Toño con voz temblorosa y me contestó, muy borde, que ya no estaba allí desde hace tiempo.

Adri me miró con cara de compasión. Eso no había quien lo arreglara. Intenté parecer maja y tantear el terreno pero no dio resultado.

CHONI: ¿Me estás diciendo qué tengo cara de yonki?

LOLA: ¡No, no!, mira yo solo quiero que pruebes estas magdalenas y hablamos la semana que viene. Ya me dirás si te gustan…

Me fui rápido y sin ninguna esperanza. Bellas Artes era mi bastión y la cani lo había derribado.

ADRI: Ya te lo avisé Lolita. Tendríamos que haber ido a las facultades pijas y concertadas. No hay que cerrarse puertas y mira, por querer venir aquí, hemos perdido toda la mañana. Sabía yo que esto no iba a funcionar…

Nerviosa, hice varias llamadas a antiguos compañeros y comprobé que mi agenda estaba desactualizada. Lo de los contactos fiables no iba a ser tan fácil, pero la cooperativa no tenía que enterarse…

Debía trabajar muy duro parar crear una nueva red.

Primero: comprar disco de Camela para la choni (caería rendida a mis pies)

Segundo: grabarle una copia a Adrián para torturarlo.

Tercero: Relax. Lola, lo conseguirás (habrá que seguir la filosofía de mamá)

 

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Lola. Día 3: Vuelta al merengue

Llevaba tres horas intentando regular el agua fría y el agua caliente. Aquí ni chorritos de vapor ni hidromasaje ni leches. Quería llorar. Al salir de la ducha ya no había albornoces de El Corte Inglés ni Ferrero Rocher para picar mientras me secaba el pelo. El Moussel se había sustituido por el gel del Mercadona y la mascarilla familiar olía a una mezcla de jarabe de la tos con Red Bull que tiraba para atrás. Había olvidado el suplicio de vivir en la cultura de la marca blanca.

Era incapaz de sentirme como en casa. Descartes expandía todo su amor llenándome de pelos hasta las bragas, mamá no dejaba de inventar chistes malos para hacerme reír y Erasmus me decía a cada minuto que estaba más guapa, más buenorra, para ser exactos. El único que parecía entenderme, como siempre, era el abuelo. “Lola, si está de salir el novio, saldrá. Tú no tienes que hacer nada hija”. Continue reading →