Lola. Día 6: Bajo sospecha

Calculo que Cirilo debe de rondar los 137 años. Tiene el pelo largo y blanco, como los colegas de Platón y Aristóteles. Si llevara una túnica, se remontaría a la época de antes de Cristo.

Pero sin saberlo, Cirilo se ha convertido en el profe más hipster de toda la facultad. Su barba descuidada y las gafas retro le dan un toque moderno que disimula la artrosis y la ciática. Cuando por los pasillos le preguntan que dónde compra esas camisas de cuadros tan chulas, él responde que se vayan al carajo. Tiene mala leche. Es un alma indomable, es la ley misma. A ver quién es el listo que le lleva la contraria cuando fuma por los pasillos.

Historia de la Filosofía Antigua no sería lo mismo sin él, sin sus clases a la antigua usanza, con pizarra y tiza, y sin su colonia fuerte que a algunos les da arcadas.

A mí me cae bien. Todos los días me visita con un nuevo despiste.

CIRILO: Lola, hija, dame un paquete de esos bolígrafos azules que pintan tan bien. Si es que no sé dónde he metido los de ayer…

Me pilló desprevenida. Yo, aprovechando que era la hora de menos afluencia, estaba empaquetando magdalenas para un pedido, y ni siquiera me dio tiempo a esconderlas. Me incorporé de un salto y me asusté al verlo pálido y al borde del desmayo.

LOLA: ¿Cirilo, se encuentra bien?

CIRILO: Nada, hija, es un bajón de azúcar. Si es que no he comido nada desde el desayuno. Anda, dame un dulce de esos que tienes ahí…

No tuve tiempo de reacción. Cuando me descuidé ya se estaba comiendo la magdalena y, claro, le sentó bien. En menos de dos segundos estaba repuesto.

CIRILO: Uy, ¡Pero qué buenas!, ¿son caseras? Dame otra hija, a ver si se me restablece la cabeza del todo.

Menudo listo. Con esos ojos de persona mayor, sin maldad, no podía decirle que no. Total, con dos tampoco le iba a pasar nada…grave…

LOLA: Bueno, pero solo una más que son para un encargo…

El jefe me llamó justo en ese momento. Tenía que subir folios a la secretaría. En el camino me encontré con Adri que venía a echarme una mano con los pedidos de la tarde.

Cuando volví, los dos se despedían al compás de un efusivo abrazo y consignas comunistas. Cirilo tenía la cara roja como un tomate, se iba quitando la chaqueta, la corbata…

ADRI: Es un grande. Mira que es más viejo que la Mojama, pero tiene más marcha que todos mis colegas, puestos, en una rave del Rustrel.

LOLA: Oye, ¿has visto las magdalenas que dejé por aquí?

ADRI: Le tuve que dar una al pobre. Casi se queda tieso por falta de azúcar…

LOLA: ¿¿¿Otra??? ¡¡¡Se ha comido tres conmigo!!! Oye, la bolsa está vacía….Le va a dar un colocón.

ADRI: ¡No jodas!….pero yo pensé…Yo no lo sabía…

LOLA: ¡Mierda!

Me empecé a agobiar. Cirilo es débil. Con el último catarro estuvo tres meses de baja.

ADRI: Tranquila, se quedará dormido y punto. Una dosis de felicidad y como nuevo.

La tarde transcurrió lenta, muy lenta…

Miraba el reloj constantemente. Me mordía los labios. Encuaderné varios libros con las páginas desordenadas…

Sentía el preludio de una muerte anunciada.

De repente, sonó una sirena.

Lo sabía. Respiré profundamente. Intenté pensar en positivo. Podría ser cualquier otra cosa….

Cuando subí, el 112 se llevaba a Cirilo.

La habíamos liado parda.

Anuncios

LOLA. DÍA 2: La facultad

La alarma debió de sonar durante más de 15 minutos y ni siquiera el zumbido de la batidora me despertó ¿Otra vez magdalenas de zanahoria para desayunar? ¿Cómo es posible que mamá se levantara antes de las 8 para cocinar? Está perdiendo el juicio…

Me desperté sobresaltada. No creo que hubiera dormido más de un par de horas. Julia ya se había esfumado de la habitación. La cama estaba hecha y todas sus cosas ordenadas meticulosamente. Olía a colonia pegajosa de mora, ¿a dónde iría tan temprano?

Continue reading →