JULIA. Día 17: Armas de seducción masiva

Vale, sí. Me he emocionado demasiado al recibir el cargo de Relaciones Exteriores. En cualquier empresa del mundo me hubiera venido genial ser bilingüe y tener seis cursos de marketing y ventas, ¿pero en esta? ¿Qué más da? Si nos detienen, lo hará la policía, no Scotland Yard, que tiene inglés nivel medio hablado y escrito, como buen cuerpo nacional que es.

Me llevo a Adrián de ayudante para que lleve la cajita con los muffins de degustación (hay que conquistar al cliente a través de todos los sentidos). Le he puesto una camisa de mi padre, le he peinado un poco y he descubierto que debajo de las greñas tenía unos ojos hasta bonitos. No tiene mal gusto Lola.

En la Universidad Francisco de Vitoria nos ha recibido una chica con un outfit que me ha dejado sin palabras. Yo siempre me meto con la forma de vestir de Lola, pero al menos ella hace una apuesta clara hacia el perroflautismo, no se le puede reprochar indefinición. La encargada de la copistería era… algo así como una hermana ursulina, con falda gris por debajo de las rodillas y jersey de cuello redondo. Tenía delante mi nuevo reto: convencer a una chica sacada del videoclip Amo a Laura de que vendiera magdalenas con marihuana.

YO.- Hola, buenos días, ¿cómo te llamas?

HERMANA URSULINA.- Laura.

Dios, no podía ser peor.

YO.- Laura, mira, somos Adrián y Julia y queremos hablar contigo un ratito si puede ser. ¿Eres la responsable de la copistería, no?

LAURA.- Bueno, es mi jefe pero ahora no está.

YO.- Muy bien. Pero seguro que tú eres de su entera confianza.

Laura sonrió un poquito. Qué fácil.

YO.- Adrián.

Adrián sacó un muffin de degustación de chocolate negro fondant, naranja, arándanos y aroma de vainilla y se lo tendió a Laura. Cuando Lola se pone, se pone.

LAURA.- Muy amable, verá usted, pero ya he desayunado.

YO.- Ay, Laura, que tenemos tu edad, no nos llames de usted. Anda, dale un mordisco.

LAURA.- Es que no sé qué quieren. Va a salir 2º de Econometría de ADE y…

Le tuve que dar un empujoncito para que mordiera el muffin. Se le iluminó la cara. Si es que cuando Lola se pone, se pone.

LAURA.- Está buenísimo. ¿De qué es?

YO.- Lleva chocolate fondant, naranja, arándanos…

ADRIÁN.- Aroma de vainilla.

YO.- Y un ingrediente especial.

LAURA.- ¿Canela?

ADRIÁN.- No exactamente.

LAURA.- ¿Miel?

YO.- No.

LAURA.- Ay, es eso que le ponía mi abuela al bizcocho, una levadura especial…

YO.- Por ahí vas bien. Es un condimento especial.

Silencio incómodo.

LAURA.- ¡Ah! ¡¡¡Es hierbabuena!!!

Por fin lo pilló.

ADRIÁN.- ¡Eso es!

YO.- Muy bien. Cultivada por nosotros mismos. Vamos, que pasaría hasta controles de Sanidad.

LAURA.- Bueno, y ¿qué queréis de mí?

YO.- Que las vendas.

LAURA.- ¿En la copistería?

YO.- Claro, mujer.

LAURA.- ¿Pero qué sentido tiene eso?

YO.- Mucho. Es un sitio discreto pero a la vez muy frecuentado por jóvenes alumnos a los que les apetece divertirse un rato.

LAURA.- ¿Haciendo fotocopias?

YO.- Comiendo magdalenas. Verás, hay varias facultades más que las venden. Si somos prudentes y actuamos con prudencia y cautela no tiene por qué pasar nada.

LAURA.- Claro, por los controles de Sanidad y eso, ¿no?

YO.- Sssí.

Ya estaba Laura hablando en clave. Qué chica más discreta, con ella no íbamos a tener ningún problema.

LAURA.- Lo siento, pero no lo veo. Hablad mejor con mi jefe, que viene mañana. Yo creo que deberíais hablar con los de la cafetería. Tienen una bollería industrial malísima, seguro que les interesa. Con lo bien que huelen, seguro que en cuanto saquen una bandeja a la barra, vuelan.

Ay madre, que lo de hierbabuena no era ironía.

YO.- Laura, verás, es que el condimento especial que tienen estos muffins no es hierbabuena, es… marihuana.

LAURA.- ¡¿Droga?!

Laura dejó de estar iluminada por ese aire monjil y angelical para parecer poseída por el demonio. De inmediato, profesores y alumnos salieron de clase y nos cerraron el paso a la salida, en plan película de terror.

-Tranquila, que por cinco magdalenas tamaño degustación no nos llevan a la cárcel.-me susurró Adrián en medio de todo el jaleo.

Entonces llegó la policía. O mejor dicho, EL POLICÍA.

Que me detenga. Soy una mentirosa.

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