JULIA. Día 15: No son un lastre, son un ancla

Desde que mi relación con Marina se rompió a nivel docente es mi madre la que negocia los precios de las bolsitas de muffins. Yo me negué a volver a tratar con esa familia por una cuestión de dignidad, claro, pero ella está encantada de volver a codearse con gente que juega al pádel y pone la calefacción. Mucho, “qué intercultural es Lavapiés”, “qué momento histórico estamos viviendo en España”, “qué experiencia tan increíble es volver al piso de 70 metros cuadrados donde nací”… PERO LE ENCANTA LA CASITA DE LA MORALEJA DE LA FAMILIA DE MARINA. Va cada dos por tres con la excusa de que prueben el aroma a vainilla de nuestra nueva tableta de sabores, como lo llama ella, o cualquier chorrada. Y le han regalado un bolso, que lo he visto, aunque ella dice que es suyo de hace diez años, pero a mí no me la da. Y de Adolfo Fernández (muy clásico para mí, pero para mi madre está estupendo).

Lo de que me recomienden a alguna amiguita de Marina para seguir dando clases, pues mira, no. Porque tienen una reputación y estas cosas se terminan sabiendo y que nuestra familia tiene una empresa con muy mala prensa, que cuando en España se legalice “lo nuestro” (que será pronto, cuando El Coletas llegue al poder, tranquilos) pues entonces ya veremos. De momento solo quieren muffins y cupcakes de tapadillo.

Ay, señor. Qué duro es que te juzguen así. Y yo que me quejaba de mis trolls en Instagram que atacaban mis outfit para el gym.

Pero estoy un poco más animada porque ayer quedé con Florieke -se me ha quitado ya esa envidia mortal que me suscitaba- para hablar del futuro de la cooperativa. Me invitó a un Espresso con Panna en el Sturbucks para explicarme, como Responsable de Relaciones Externas, que considera que tenemos que seguir ampliando horizontes.

Pero, ¿cómo?

Tenemos un lastre en la cooperativa. Bueno, un lastre no, tenemos un ancla de tonelada y media. Se llaman Curro, Toñi, Carmina, Puri y mi madre. Luego está mi hermana con sus principios y su dignidad; mi abuelo, que a veces parece que lo han sacado de El Lazarillo de Tormes o de una película de Paco Martínez Soria; Rastas, sin más motivación en la vida que pillar un puñado de pipas gratis en El Rustrel, y Adrián. Bueno, de Adrián no me voy a quejar.

FLORIEKE.- No te preocupes, yo me ocupo de ponerles las pilas.

Eso lo quiero ver yo.

FLORIEKE.- Pero tenemos que dar un salto: vendiendo en dos facultades no nos llega ni para un horno nuevo.

YO.- También vendemos a los padres de Marina y a…

UN MOMENTO.

El salto cualitativo que necesitamos había estado delante de nuestras narices todo el tiempo. Guillermo, su macrofiesta llena de gente bien poniéndose ciega de magdalenas de la risa. ¿Cómo llegar a ese público?

YO.- Estamos vendiendo muffins de marihuana cultivada por nosotros mismos a los perroflautas de Bellas Artes y Filosofía. Bellas Artes y Filosofía. Estudiantes de universidades públicas que estudian con beca y se comen una magdalena al mes. Ya está Florieke, ya tenemos nuestro nuevo objetivo.

FLORIEKE.- ¿Cuál?

YO.- La Universidad Europea de Madrid.

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