JULIA. DÍA 14: Merry Christmas

-Mamá, ¿queda mejor el pañuelo celeste o el verde manzana?

-Verde manzana.

Recuerdo que hace un par de años mi madre y yo elegíamos entre vestido camisero y de corte recto para nuestro outfit de Nochebuena.

Ahora estamos rebuscando en bolsas de ropa vieja de Puri para confeccionar nuestro disfraz para el belén viviente del barrio.

-¿Por qué, mamá, por qué? -le dije yo, con la mirada perdida entre el gotelé de la pared.

-¿Te acuerdas de ese mono de tela chifon gris marengo que me puse en la Nochebuena del 2007? -breve resplandor de la Elvira de antes.

-Es verdad, que vinieron a casa Sarasola con sus hijos y Diana, con su marido. ¿Qué ha sido de ellos?

-Siguen viviendo en Pozuelo.

(Pausa. Mirada conjunta al gotelé de la pared)

-¿Estáis ya? -Puri nos llamó por tercera vez.

Y mi madre, tras un segundo de añoranza y de flaqueza volvió a su optimismo empachoso.

-Venga, hija, mira el póster una vez más para motivarte. -y me señaló el collage de folios impresos de Mr Wonderful en la pared de su habitación.

-¿A cuál? ¿”El pan no engorda, el que engorda eres tú”?

-No. “No se trata de donde estés sino donde quieres llegar”.

-Ah, pues entonces, ya me veo recogiendo un Oscar por mi interpretación de la Virgen María.

Emma, la presidenta de la asociación de vecinos, es una dramaturga frustrada y ha escrito un guion para un belén viviente. Pero, atención, nada de Palestina, ha decidido trasladar el Nuevo Testamento al siglo XXI: a España en plena crisis. Los de la cooperativa habían hecho un contrato para suministrar las magdalenas (sin condimento) de la chocolatada posterior (hasta ahí, todo bien) por cuatro duros pero, claro, “cómo vamos a cobrarles más si nos han dado los cursos de orientación -de desorientación, más bien- para la búsqueda de empleo y todo” decía mi madre. Hasta ahí todo bien. Hacemos las 150 magdalenas, las llevamos a los locales. Hasta ahí todo bien.

Emma está llorando. Los actores del belén viviente les ha salido curro en el Corte Francés para hacer de duendes y renos de Papá Noel. Si no hay belén viviente, no hay chocolatada.

EMPIEZA A JODERSE TODO.

Voy a escribir el reparto porque es para recordarlo de aquí a unos años, cuando esté otra vez en London celebrando la Navidad con ropa de primera mano (ya no pido más):

San José: Rastas

Virgen María: Yo

Melchor: Abuelo

Gaspar: Curro

Baltasar: Abdul

Pastorcillos: Carmina, mis padres, Puri, Florieke y Adrián.

Niño Jesús: Descartes

Encima, al abuelo lo tenemos resfriado porque lleva todo el mes revendiendo lotería a la puerta de Doña Manolita y aún está aquejado de varias lesiones por pelearse con la competencia chunga de la puerta. Lola se ha negado a participar porque es atea y dice que por mucho que Emma cambie la historia, que nada. Yo no sé cómo ha podido resistirse a un argumento así: Una pareja desahuciada busca un lugar donde pasar la noche y se encuentran con unos empresarios del Ibex 35 a los que el espíritu navideño les ablanda el corazón y deciden dar trabajo a José y María y pagarle la universidad a la criatura.

El ridículo que hemos hecho en el Campo de Cebada a tres grados ha sido memorable, pero por lo menos el público se ha reído, sobre todo cuando Descartes se ha escapado de mis brazos. La gente de Lavapiés y de la Latina no entienden el teatro surrealista, esto en Hyde Park lo habrían aplaudido como una escena digna de Peter Brook.

Desde luego, a mí, después de parir un gato, ya no me queda nada por hacer en Madrid.

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