LOLA. DÍA 9: Dictadura

A pesar de que me gusta la democracia y todo ese rollo, me siento genial cuando me hacen caso como si fuera una líder suprema. Julia y Adri han agachado la cabeza y han comprendido que tengo razón. No más riesgos y nada de magdalenas a gran escala. Acabamos la cosecha del pueblo y después volvemos a ser pobres, pero honrados.

Cuando me vi con un pie en la cárcel sentí que tenía que reorientar mi vida. Quizás debería irme a Tanzania a cuidar monos, plantar un huerto ecológico en el pueblo y quedarme a vivir allí o viajar al Tibet para un retiro espiritual.

Menos mal que últimamente en casa he encontrado la paz. Parece que empieza el letargo invernal. El abuelo es el único que está en marcha, con el frío, ha aparcado la venta de cervezas y se ha pasado al bando del castañero y del churrero, siempre sabe bien cómo moverse para sacar la máxima rentabilidad.

Pero también hay cosas que nunca cambian. Julia se me adelanta siempre en la ducha y, cuando me toca, ya solo me queda el agua fría. Para fastidiarla, hago con que me confundo y cojo su toalla. Tengo una pinta ridícula con ese albornoz rosa de flores horribles…

¡Menuda vergüenza cuando salí ayer del baño! Curro me esperaba rollo acosador con cara de espía ruso. Rápidamente me empujó al pasillo y me dejó sin respiración.

CURRO: ¿Oye, dónde va a ser la fiesta esa del pijo? Más que nada porque ya hay que ir pensando en el transporte. La tanda ya está casi completa y hay que darse prisa…

Malditos bastardos. Tuve el impulso de empezar a gritar y montar la de Cristo, pero como siempre la venganza se sirve mejor de manera sutil.

Sonreí y también hable en susurros para darle más credibilidad al asunto.

LOLA (FALSA JULIA): No te preocupes, luego te aviso. De todas formas ahora voy para allá y veo como han quedado.

CURRO: Vale, pero Puri ahora no está que ha bajado a hacer la compra.

Lo imaginaba. Habían montado un segundo cuartel de operaciones. Julia es indomable. Me vestí volando y me fui al bastión de los traidores.

Al entrar, el horno estaba puesto. Lo apagué y justo en ese momento Puri entró por la puerta charlando alegremente con Julia. Se le cayeron las bolsas de la compra del susto.

Abrí el horno, cogí una magdalena y la estrujé en mis manos como símbolo de mi poder destructivo. El puñetero bollo me quemaba hasta la epidermis, pero aguante estoicamente.

JULIA: Veras Lola…mira….yo te lo explico.

Puri salió corriendo a llamar a Curro porque pensó que ella no tendría fuerza para separarnos en el caso de que se iniciara la batalla campal.

Me relajé. Sonreí y empezó mi maravillosa actuación.

LOLA: Nada, no te preocupes. Tienes razón. Es una gran oportunidad de negocio. Qué tonta he sido. Si yo es que he pensado que a los amigos estos de Guillermo les gusta más otro tipo de bollos.

Saqué las magdalenas de las cajas y las pisoteé como una niña que chapotea en el agua.

LOLA: Los pijos son más de deconstrucción de cupcakes. Seguro que les encanta esta nueva receta. Acabo de pisar una mierda de perro en la calle y eso les dará un regustillo delicioso.

Julia me miraba con impotencia a punto de estallar a llorar.

Que todos se vayan a la mierda.

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