JULIA. Día 9: Objetivo: concert

A Marina y a mí nos encanta esta canción:

Llevamos toda la tarde escuchando el disco y cantando con el cepillo del pelo como  micrófono, rollo peli Quédate a mi lado. Qué risa. Marina va a ir al concierto que dan en Madrid el mes que viene; evidentemente, mi economía no me lo permite, pero eso no se lo he dicho para no quedar de looser. Ni miro el reloj cuando estoy en esa casa, así que cada día llego más tarde. Mi padre está un poco mosqueado, dice que confraternizo con el enemigo. Es un exagerado, Marina está en la edad de los amores platónicos, es muy normal. Solo es una chica que ha encontrado en mi padre lo que no encuentra en los chavales de su edad, que son unos inmaduros. “Deberías sentirte halagado”, le digo. Mi padre dice que el último día se desabrochó el sujetador en medio del análisis sintáctico de una subordinada sustantiva y que eso no tiene nada de platónico y ni de puro.

Jajaja. Qué lanzada es mi Marina. Es la hermana pequeña que nunca tuve. Si es que soy casi de la familia, el otro día su madre me mandó al supermercado y me dio dinero de sobra para  comprarme un café helado de marca Sturbucks. Vale que el café del súper no es lo mismo pero… Sturbucks es Sturbucks. A la salida me tocó un cajero que casi se queda bizco de mirarme. Es que para ir a casa de Marina me curro mucho mi outfit de profesora. Nada de lentillas (gafas de pasta), camisas y americanas y vaqueros. Casual, pero formal.

Luego cojo el metro para llegar a Lavapiés y vuelvo a mi mundo: el abuelo pegando la suela de los zapatos con superglú, Erasmus de resaca, los de la cooperativa en la cocina… Me cuesta encontrar el lado positivo, tengo que volver a Abrazoterapia. Desde luego que vendiendo bolsitas con cinco magdalenas no vamos a salir de este agujero. Necesitamos algo más. Y ese algo más nos lo ha ofrecido el profesor que estaba liado con mi hermana (aunque ella sigue diciendo que no, pero eso no hay  quien se lo crea). Nos quiere hacer un superpedido pero a la señorita le han entrado los remilgos por lo que le pasó a Cirilo. No lo entiendo:

1.- Cirilo es inmortal, no importa las magdalenas que se coma.

2.- Está mucho mejor de la artrosis

Yo tengo muy claro que quiero ir al concierto de Black Keys. Y los escrúpulos de Lola no me lo van a impedir. Así que saqué puse a prueba todos mis conocimientos aprendidos en Bussiness&Marketing:

ADRIÁN.- Ni de coña.

YO.- A ti lo que te pasa es que no quieres más tratos con Guillermo porque estás celoso.

ADRIÁN.- ¿Qué dices? Lola es mi colega y, además, la que me molabas eras tú.

YO.- Claro, claro, que te encanta tenerla revoloteando a tu alrededor y desde que pasa de ti la echas de menos.

ADRIÁN.- Eso no es verdad. No pasa de mí y no la echo de menos.

YO.- Demuéstralo.

ADRIÁN.- Venga, vamos a hacer esas magdalenas.

YO.- Con el dinero que saquemos puedes ir al rastro y le compras una palestina nueva a Lola, verás qué ilusión le hace.

Así de fácil. Y aquí estoy, haciendo macropedidos de harina, huevos y marihuana, porque con la nuestra no nos llega. Vamos a trasladar el centro de operaciones a casa de Puri. A los de la cooperativa les hemos dicho que el pedido es para la choni a la que odia Lola, para que sean discretos y ella no se entere de nada. O eso espero.

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