JULIA. Día 8: London Fashion Week

Esta mañana me he acercado al despacho de Cirilo para dejarle un paquetito con magdalenas. Es el abuelo que nunca tuve. Bueno, el paterno, me refiero. El hombre se pensaba que era Lola otra vez para llevarle la sexta manzanilla de la mañana al despacho y se alegró un montón cuando le dije que era su gemela y que le traía unos “dulces”.

Por la tarde he tenido una hora más de clase con Marina porque se presenta al First Certificate en diciembre. Ay, los certificados de nivel… yo estoy totalmente en contra de tener que aprender inglés haciendo exámenes y preparando un discurso oral sobre el transporte público o chorradas así. Marina piensa lo mismo, por eso solo me había escrito párrafo y medio de la redacción sobre las costumbres británicas que le pedí. Así no vas a aprobar el writing… le dije. Para motivarla hemos estado viendo un desfile en streaming de la London Fashion Week, para que se le vaya pegando el acento british. ¿A que soy una profe guay? El desfile se alargó hasta las nueve de la noche pero yo no quise cobrar las horas de más, no pongo un taxímetro.

Su madre, para agradecérmelo, me invitó a cenar con ellos ensalada de aguacate (¿cuánto hace que no lo pruebo?) y salpicón de marisco. Tienen mogollón de estilo: su madre es cirujana y el padre tiene una farmacia. Estuvimos charlando sobre mi universidad, porque ellos también quieren mandar a Marina allí en cuanto acabe el bachillerato. Yo lo recomiendo 100%. Hay que salir al extranjero y vivir la experiencia. Pero vivir la experiencia buena, o sea, con dinero.

Por un momento me había olvidado de la cooperativa, de las clases particulares, de mi hermana… cuando la madre de Marina me soltó: “Pobre, y tuviste que volver aquí cuando tus padres se quedaron en paro…”

Ha sido la vuelta a la realidad más cruel de toda la historia de la humanidad.

Me negué. Yo siempre transformo las debilidades en fortalezas.

YO.- Bueno, eso ha sido coyuntural, la verdad.

MADRE.-¿Sí?

YO.- Sí, en realidad volví para… emprender un negocio de muffins con mi madre y mi hermana.

MARINA.- (Con los ojos como platos) ¿En serio? Tía, no me habías contado nada.

MADRE.-¿Sois… como dicen en la tele, ¿nuevas emprendedoras?

YO.- Sí, tenemos una cooperativa con otros socios.

PADRE.- ¿Dónde distribuís?

Mierda.

YO.- Pues en muchas pastelerías, a ver en las de barrio y eso no, en las más–MARINA.- ¿En Happy Week Bakery Coffee? Dime que vendéis en Happy Week Bakery Coffee.

YO.- Pues claro. Pero solo degustaciones y encargos especiales. También distribuimos sobre todo en facultades.

PADRE.- ¿Vendéis magdalenas exclusivas en la cafetería de las universidad?

YO.- Sí. Tenemos un concierto con la Complutense. Luego también servimos a reuniones de catedráticos y del rectorado.

PADRE.- Pues yo juego al pádel con el vicerrector de Estudiantes. Seguro que le conoces.

YO.- Pues directamente…

PADRE.- Claro, que tontería.

MADRE.- Bueno, bueno, Julia, tú y tu familia sois una caja de sorpresas.

YO.- No sabes cuánto.

No miento. Disfrazo la realidad. En todo lo que les dije hay un sustrato de realidad.

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