JULIA. DÍA 6: “Ataque de pánico”

Fue llegar de casa de Marina, aún con la banda sonora de Mouline Rouge en la cabeza y una bolsa con zapatos Louboutin de la temporada pasada y sonar el móvil por culpa de un Whatsapp de mi hermana. Claro, como no tengo tarifa de datos, me llegan cuando pillo el Wi fi del vecino.

“Julia, ven al Gregorio Marañón. Un profe se ha comido tres magdalenas.”

“Pues estará muy contento, ¿no?”

“Tiene 127 años. CORRE.”

En el camino en metro hasta el hospital pasó por mi mente un juicio, la cárcel, la vergüenza de mi padre, mi madre diciendo que no pasa nada, que aprovecháramos los quince años de prisión para estudiar una carrera por la UNED, que es gratis… En la sala de espera estaban Adrián, con la cara desencajada y mi hermana, a la que le podrían convalidar los kilómetros paseados para la maratón de New York.

ADRIÁN.- La hemos cagado, pero bien.

YO.- ¿Cómo se os ocurre darle magdalenas a un señor tan mayor?

LOLA.- Le dio un bajón de azúcar. ¿Qué querías que hiciera? ¿Que le diera un paquete de rotuladores a ver si con la tinta fosforescente recuperaba el color en la cara?

ADRIÁN.- Ha sido un accidente.

Un señor con el pelo blanco y evidente artrosis nos miraba con atención. “Es Casimiro, su hijo”, me dijo Lola. NO PUEDE SER. Ese Cirilo ha desafiado todas las leyes de la naturaleza.

LOLA.- No quiero ir a la cárcel.

ADRIÁN.- Bueno, podemos estudiar una carrera por la UNED. Yo le tengo ganas a Antropología.

YO.- Pensamiento positivo: (la Abrazoterapia me ha dado tanto…) Nadie va a ir a la cárcel, ¿vale?

“Familiares de Cirilo Gómez”. El médico traía noticias. Por fin. Si no, nos iban a tener que ingresar a nosotros también por un ataque de pánico. Y no nos lo dio al escuchar estas palabras, no sé por qué: ‘Intoxicación por marihuana’. Posiblemente haya comido dulces, magdalenas o galletas. Le hemos hecho un lavado de estómago y ahora está sedado, descansando.

Casimiro se había quedado pálido.

CASIMIRO.- ¿Mi padre, un drogadicto? Es imposible.

LOLA.- No sé yo qué decirle, que su padre me dado clase y se le ve muy moderno.

CASIMIRO.- ¿Vosotros sabíais algo?

LOLA.- ¿Nosotros? Nada. Qué va.

Hubo que darle un pisotón a Adri, porque casi se mea de la culpa.

CASIMIRO.- Vamos a ver. ¿Estamos locos? Mi padre no se droga. Que tiene una edad, ya, para andar jugando.

MÉDICO.- Ay, si supiera con lo que nos encontramos aquí… Eso solo podrá decírnoslo él, pero aún hay que esperar a que despierte. (“¿y si no lo hace nunca?”, pensé yo) Si quiere poner una denuncia, ya sabe dónde está la comisaría.

Es que fue escuchar comisaría y temblarle un ojo a Adrián y otro a mi hermana. Está claro que soy la fuerte del grupo.

CASIMIRO.- Muy bien, pues es lo que pienso hacer ahora mismo.

YO.- ¿Ahora? Pero que son las once de la noche. Es tontería. Mejor esperamos a que se despierte…

CASIMIRO.- Ni hablar. Han intentado asesinar a mi padre. Seguro que ha sido algún alumno resentido con él. Es que ahora solo estudian Filosofía los perroflautas.

LOLA.- Asesinar, asesinar es pasarse un poco, ¿no? Si quisieran matarle le habrían clavado una jeringuilla, que hace más daño, pero si le han dado magdalenas es que le aprecian. Que no digo yo que se las hayan dado, que a lo mejor se las ha comido él solito–

Aquí Lola se llevó un codazo: estaba hablando demasiado.

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