JULIA. DÍA 32: “La felicidad”

He decidido que los hombres forman parte de mi pasado. Ya está. Yo soy una profesional emprendedora que tiene que buscarse la vida en un nuevo ambiente por culpa de la crisis. No volveré a tener pareja. No volveré a salir con ningún chico en Instagram.

Como me está costando un poco seguir esta filosofía (no lo voy a negar aquí) me estoy centrando en la cooperativa. Mi madre dice que me estoy centrando DEMASIADO. Tenemos un negocio, pero porque sea ilegal no vamos a renunciar a ser ambiciosos, digo yo, ¿no? Ella, aunque no lo reconozca, odia este barrio tanto como yo. Representa su fracaso como cabeza de familia y como profesional. Las magdalenas de la risa son mi única esperanza en el futuro: si gano suficiente dinero con ellas podré pagarme un máster en la Business School de New York. Sí, se acabó London. Si cambio de aires, que sea definitivamente. Pero para conseguir tanto dinero tenemos que empezar a estudiar el mercado de las exportaciones fuera de España y ahí es donde dice mi madre que se me está yendo la olla. Cuánto apoyo. En fin, lo que hay que aguantar.

Estas son las cosas que pienso cuando estoy de subidón para motivarme, pero cuando salgo a la calle y paso por un Sturbucks, no puedo evitarlo y me pongo a llorar. Si me viera un director de cine haría una película conmigo o por lo menos, un videoclip. Con mi café para llevar de la mano, mi iPad con las canciones de James Blunt y la mirada perdida en el recuerdo de Michael. Es todo tan duro…

Lo que no me esperaba es que cuando pasé por la puerta de Bar Manolo -el local donde Arenur me invitaba a un café con un pincho de tortilla en el descanso del trabajo- me derrumbase también. El olor a calamares rebozados que salía por la puerta me llevó otra vez a aquellas mañanas en las que Arenur aún no se había tatuado mi nombre sobre el pecho y me caía simpático. Es todo tan duro…

Menos mal que tengo a mi familia, que, desde luego, son los mejores animando. Primero, mi madre me dice que cómo he podido perder a Michael, que era un partidazo con una carrera, de buena familia… luego mi padre, que para una vez que habla va y me suelta que que buena oportunidad lo de ir a Pakistán y, mi abuelo, para rematar, que total, no iba a notar la diferencia entre Pakistán y el barrio, ni me iba a enterar que había salido del país.

Después de una sesión de comprensión y mejora de autoestima, mi madre me invitó a ir a abrazoterapia con ella en un polideportivo de Aluche para sentirme mejor. Yo tenía prejuicios, lo reconozco, pensaba que me iba a encontrar con un grupo de desequilibrados mentales como mi madre. Y bueno, sí, en eso sí tenía razón. Nos colocaron en corro para que habláramos de nuestras miserias y cuando yo conté cómo había cometido el error más grande de mi vida perdiendo a Michael, todos vinieron a mí a la voz de “¡Abrazo colectivo!” y se abalanzaron hasta dejarme casi sin respiración. Qué agobio. Pero lo mejor fueron los consejos que me dio la conductora del grupo: “Tienes que proyectar tu felicidad en ti misma y en tus propias metas y no en tu pareja”.   

Así que voy a quitar el cartel de “Just do it” de mi cuarto y a sustituirlo por esta otra frase, que me va mucho mejor con mi momento vital.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s