JULIA. DÍA 31: Amar en tiempos revueltos

Odio tener que decidir algo. Si blazer negra o blanca, si capuccino o frapuccino, si me voy o me quedo… Cuando llegué a Madrid pensaba que era horrible porque no tenía elección, pero ahora pienso que la obligación de hacer algo también tiene sus cosas buenas. No puedes excusarte, nada es responsabilidad tuya. Me da mucho miedo irme a Pakistán, pero más miedo me da irme con Michael y que no funcione. Me gusta él porque también me gusta el estilo de vida que llevo cuando estoy a su lado pero, ¿qué pasará cuando estemos en Pakistán?

Cuando salía de la boca del metro para ir a trabajar me encontré a una mujer de etnia gitana que se empeñó en leerme la mano. Yo no creo en esas cosas, eh, pero no me dejaba en paz y al final le dejé. “Niña, lo veo to mu negro” (era una gitana optimista y positiva como yo, ejem). “Sí, señora, ¿me dice algo que no sepa”. “Veo un fuego en tu interior”. Fuego, ¿qué podía significar? “¿Una bomba?” “Pues sí, hija, sí”, me contestó muy seria la mujer. Le di dos euros en lugar de los 20 euros que me pedía y me echó mal de ojo mientras me alejaba aunque a mí no me afectó demasiado porque total, ¿qué más puede pasarme?

Era una señal clarísima. Yo no creo en esas cosas, pero es que era una señal clarísima de que si me iba a Pakistán iba a ser víctima de un ataque terrorista. Cuando se lo conté a Michael no podía creerlo. Le pongo los cuernos, me perdona, viene a buscarme desde Londres para pedirme que me vaya con él a Pakistán y yo le digo que no puedo porque una gitana del metro me ha dicho que nos va a explotar una bomba. Se enfadó un poco, normal. Aún así me dijo que no era tan fácil olvidarse de mí y que si yo era capaz de hacer lo mismo, me esperaría hasta que volviera. A mí se me llenaron los ojos de lágrimas, me pareció súperbonito. Estábamos ahí, en nuestro momento romántico cuando llaman a la puerta. “¡Julia! ¡Es el otro!” me comunicó el abuelo con discreción.

Michael entiende mal el español pero a mi abuelo, no sé por qué, parece que le ve con subtítulos en inglés. Le empezó a cambiar la cara cuando vio a quien entraba por la puerta. Yo me di la vuelta: Arenur. Arenur con una camiseta de tirantes escotada (AVISO a todos los chicos: los escotes son SOLO para las mujeres) que dejaba asomar el tatuaje en una tipografía rollo comic sans con mi nombre.

“¿Qué haces aquí?”, le pregunté. “¿Qué te pasa, churri? Que no me coges el móvil, me ha dicho tu jefe que te has cambiado de zona de curro y me estaba rayando. Digo, no vaya a ser que le haya pasado algo conmigo. No, ¿verdad?” Zas, amago de besito esquivado.

Miré a Michael. No tenía ni ganas de darle un guantazo como hizo con Adri. El pobre tenía una carita… se me cayó el alma a los pies. Se fue a la habitación, cogió sus cosas y se marchó. Yo intenté impedirle el paso mientras lloraba, pedía perdón… hasta le dije que me iría con él hasta Siberia si hacía falta. Pero él parecía que ni oía ni veía nada. Era inmune a mis sollozos.

Cuando cerró la puerta me eché a llorar como en las películas, desconsoladamente y no me di cuenta de que Arenur seguía en casa, con una cara de tener un mosqueo del 15 (ya se me van pegando las frases de Lola).

-Así que habías vuelto con el moñas del inglés.

-Ahora no, Jonathan, por favor.

-Pues me vas a pagar el láser, por trolera, que a mí no me vacila ni Dios.

Y se largó dando un portazo. Menos mal que estaba el abuelo para consolarme.

-Hija, desde que estás aquí esto es mejor que el Amar en tiempos revueltos. Con tu vida no me he dormido ni un capítulo.

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