JULIA. DÍA 30: A Pakistán

Michael no habla muy bien español, pero no es tonto. Al abuelo se le entendió muy clarito a pesar de ir sin la dentadura postiza. Yo le había jurado y perjurado que lo de Arenur fue solo una tontería y que no le había vuelto a ver, pero la confianza -uno de los pilares principales de la pareja- se había visto afectada. Michael se enfadó mucho, bueno, para ser inglés, se le marcaba una vena del cuello y todo. Se puso muy desagradable. A ver, que razón tenía porque yo le he mentido y me he liado con otro a los dos días de dejarle, pero tampoco era para insultar. Si no me hubiera dejado sola en Madrid yo no hubiera tonteado con nadie. Lo que tendría que haber hecho es dejar su carrera y su país para seguirme a mí. Si no, ¿yo para qué quiero un novio? ¿Para subir fotos a Instagram?

Michael me llamó selfish y cosas peores. Después le dio el bajón, nos pusimos los dos a llorar… un cuadro. Y mi familia con la oreja pegada en la puerta aunque no tenían ni idea de lo que decíamos porque hablábamos en inglés. Entonces Michael bajó la voz, se sentó en la cama y me dijo con tono intenso que él también había pasado por una crisis: la oferta de trabajo de Pakistán, la enfermedad de su madre… yo no sabía nada de todo esto y empecé a sentirme pero supermal.

Le veía ahí, tan frágil, tan solo… que de repente me dio el subidón y le dije: SÍ. Que me iba con él a Pakistán. Sin pensar y a lo loco. Nos abrazamos llorando como locos y mi familia abrió la puerta porque tal escándalo no podía consentirse a las dos de la mañana.

FERNANDO: ¿Qué pasa?

YO: ¡¡¡¡Que me voy a Pakistán!!!!

ELVIRA: ¿Qué dices? ¿Cómo que te vas a Pakistán?

YO: Con Michael. ¡Le han contratado!

Mis padres no se lo creían mucho al principio. Pensaban que era una broma y que se me iba a pasar. Pero no. Ahora tengo claro que quiero estar con Michael y compartir mi vida con él. Hacemos tan buena pareja… Bueno, reconozco que tan claro, tan claro, tampoco lo tenía. Por eso fui a visitar a Abdul y a su familia a su casa. Me recibió Salma, que estaba chuperreteando un flash de los que vende su padre y me puso toda la manaza en mis shorts. Abdul me trajo un té y me senté en la alfombra con unos primos terceros que habían ido a visitarles. Obviamente no entendía nada de la conversación (no sabían inglés, ¿cómo puede ser eso? Es el idioma vehicular) y Abdul me iba traduciendo algunas cosas. Salma quería que jugara con ella a los disfraces y me puso un montón de trapos en la cabeza para que fuera una princesa. Como estaba más aburrida y manchada de lo que podía soportar me marché con una educada excusa.

Llegué a casa un poco desconcertada, porque la vida de Abdul y su familia encajaba menos conmigo que la mía propia de Lavapiés. Uf. Estaba hablando con Michael de que tendríamos que empezar a aprender la lengua que se hable allí, que ni siquiera sabemos cuál es (¿el árabe, no?) cuando Adri llamó a la puerta. Venía a traerle la mantequilla a Lola, que aún ni me dirige la palabra. Entonces pasó una cosa inesperada total: Michael le metió un puñetazo a Adrián que casi le estampa contra la pared. Creía que era Arenur.

ABUELO: En mis tiempos no había tanto problema. Con sacar a Manoli al baile lo tenías todo hecho.

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