Lola. Día 29. Vuelta a la faena

Si seguía una semana más a base de alcachofas me comía hasta las sillas. Después de pagar el alquiler no me quedaba ni un duro, ni siquiera para llenar la nevera. Tenía que volver al trabajo cuanto antes. Las magdalenas no se hacían solas y mucho menos la distribución. Todos los días tenía unas 50 llamadas de clientes de la fotocopiadora y ya ni miraba el WhatssApp por miedo a las amenazas. El negocio tenía unas responsabilidades y yo las había abandonado todas.

Como buena profesional volví al territorio enemigo. Mi casa era el laboratorio y así tendría que seguir siendo. Saludé a mamá, me puse los guantes y empecé a amasar. Ella me miraba fijamente, deseosa de decirme algo. Yo intentaba parecer contenta y hablar todo el rato para evitar sus preguntas. “Menos mal que has vuelto. La revista ya está muy cerca hija. No puedes tirar por la borda tus sueños por una tontería”.

Ni siquiera la dejé acabar la frase porque, si algo tenía claro, es que todo había cambiado. No volvería a trabajar nunca más con Adri y, si había vuelto a mis obligaciones, era solo para independizarme. Lo único que quería en este momento era vivir sola y mantenerme por mí misma y eso costaba más de lo que yo nunca hubiera imaginado. Mamá se quedo blanca y triste. “Mira Lola, todo ha sido un mal entendido. Julia no ha tenido la culpa…”. Aunque intenté mantener la calma reconozco que perdí los papeles y empecé a gritar. No quería ni escuchar su nombre ni que nadie me contase otra versión de los hechos. Con lo que yo sentía me bastaba y me sobraba como justificación.

Cuando volví a la que ahora era mi guarida y abrí la nevera vacía sentí ganas de llorar. Solo quedaba una manzana. Abrí el cajón para coger un cuchillo y me encontré unos calzoncillos. Seguí abriendo cajones y flipé aun más. En el horno había pantalones y en la despensa zapatillas. Donde antes se guardaban los vasos ahora había camisetas y dentro del microondas calcetines de colores. Esto ya era la repera.

Busqué a Josué por toda la casa y lo encontré metiendo los cubiertos dentro de los geranios. Le dije que como broma había tenido su punto pero que ya no me hacía gracia. Se dio la vuelta lentamente y muy serio me dijo que estaba cansado de las normas establecidas. Él era un espíritu libre y las convenciones sociales estaban reprimiendo su personalidad. Para encontrarse a sí mismo había decidido hacer lo que le viniera en gana sin aceptar las normas establecidas, empezando por reordenar y redecorar la casa.

Me encerré en el cuarto intentando asimilar lo que acababa de ver. No podía pegar ojo y me quedé despierta hasta las tres de la mañana. El timbre sonó justo cuando empezaba a coger el sueño y me levanté sobresaltada. Al salir encontré a Sonia asustada, no dejaba de repetir que le había pasado algo increíble. Había subido unas tres veces a nuestro piso y el ascensor la dejaba supuestamente en el quinto pero allí no había nada, era como otra dimensión. Juraba y perjuraba que por unos minutos el edificio había desaparecido. Yo, que pensaba que realmente había ocurrido algo grave, le dije que dejara las setas alucinógenas si no quería quedarse atrapada en el submundo de sus gilipolleces. Los dos me miraron con cara de odio. Estaban pirados de verdad.

Cerré la puerta con pestillo. La luz de móvil no dejaba de parpadear. María me había llamado unas 10 veces y me había escrito. “Mira este enlace”. Chapas había versionado una canción de rap y la había subido a youtube para conquistarme. Definitivamente quería cortarme las venas. Dios mío que ridículo más grande.

“Lola, yo soy el chico que te mola,

conmigo ya no estarás sola,

eres la chica de mi sueño,

por ti mi corazón empeño,

todos mis libros de fantasía,

yo a ti te los daría,

me gustan tus rastas,

pero con mirarte no me basta,

pídeme lo que tu quieras,

porque te quiero de veras,

yeeeaahhhhhhh”

“Cutre. Descoordinado. Si yo fuera la tal Lola te mataría. Eres penoso”…Los comentarios de los seguidores se quedaban cortos para expresar mi admiración.

Me quedé absorta mirando una y otra vez el vídeo.

Mi reputación ya no podía caer más bajo.

 

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