JULIA. DÍA 29: “Julia”

El proyecto final de la Business School fue mucho menos estresante que estos días. En serio. Casi no duermo y no dejo de correr desde casa al trabajo, desde el trabajo a comprar harina, huevos y demás ingredientes, desde el súper a casa de Adri a por la mantequilla especial, luego otra vez a casa… No me da tiempo ni de echarme la BB cream. Hace como un mes que no subo ninguna foto a Instagram ni actualizo el blog. Mis followers se están olvidando de mí: todo lo que he trabajado para convertirme en una It Girl… para acabar vendiendo magdalenas. Qué bajón.

Mamá y Adri están muy preocupados por Lola y soy yo la que está sacando el negocio adelante (mejor no mencionar al resto de la cooperativa). Como Lola no ha ido a trabajar hemos perdido la clientela de la fotocopiadora y no vendemos ni las migas. Le estaba contando todo esto a Arenur -con alguien me tengo que desahogar a pesar de que mi hermana me tiene prohibido hablar del negocio con NADIE- y se ha ofrecido a presentarme a sus amigos, que esa noche iban de fiesta al parking de un polígono chunda-chunda.

Yo tampoco es que me imaginara una pandilla de ingenieros y arquitectos, pero si me los encuentro por la calle me cambio de acera. Y yo que me había puesto shorts, una blusa salmón y unos zapatos salón… Les vendí un par de bolsas de una docena y se comieron la primera de una sentada, los muy bestias. Con las que quedaban se dedicaron a hacer una guerra con las magdalenas como armas arrojadizas. Yo las veía sobrevolar sobre mi cabeza, pero pensaba que jamás se atreverían a “¡TOMAAA! ¡Que le hemos dao a la pija! ¡Y en toa la jeta!” Yo no había visto gente tan ordinaria y descarada en la vida. Arenur vio la cara de asco que estaba poniendo y les dijo a sus “colegas”:

-Oye, a mi NOVIA (¿¡NOVIA?!) ni mirarla, ¿eh?

Pasando por alto el comentario territorial y machito, lo que me dejó al borde de la parada cardiorrespiratoria fue la palabra “novia”. ¿Novia, yo? ¿Cuándo, cómo, por qué? Con la promesa de meterle la lengua hasta la campanilla me llevé a Arenur al otro lado del polígono para tener una conversación con él. Fue difícil porque al lado había un coche con unos altavoces más grandes que mi abuelo.

-Julia, que yo también quería hablar contigo.

-¿¡¡¡Qué dices!!?

Voy a obviar todos los problemas de la acústica para sintetizar el diálogo.

-Tía, que en estas semanas te has convertido en alguien muy importante para mí.

-Tú también.

-Y que quiero que estés siempre conmigo.

-Tranquilo que no me voy a marchar mañana.

-Pero siempre, siempre.

-Oye, me parece que te estás confundiendo, yo no–

Y en ese momento va y se quita la camiseta y me enseña un tatuaje aún enrojecido de encima de su pectoral izquierdo. En una tipografía horrible. Me acerqué, al borde, otra vez, del colapso nervioso.

-¿Quéeee pone ahí?

-(Pausa muy dramática) Julia.

Dios. NO.

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