Lola. Día 25. Amor idiota: yo por él y él por…

El corazón me dio un vuelco. Llamada entrante: Adrián. Con los nervios tiré el móvil y me tropecé en el sofá. No estaba preparada a pesar de que Julia me había avisado de que hoy sería el día de la declaración oficial. Habían estado hablando y él le había insinuado que iba a dar el paso de lanzarse. Preferí no cogerle el teléfono y esperar a que me escribiera. “Tengo que contarte algo. En el Rustrell a las 6 (guiño, guiño/ carita sonriente)”.

A pesar de que me importa un pepino la moda y de que soy fiel seguidora de la belleza interior, reconozco que estuve una hora en frente del espejo ensayando mi discurso y el posible beso final. Cuando llegué al bar y le vi sentado, sonriente, me pareció una escena de película romántica de esas cutres que ponen los domingos por la tarde y que tanto odio.

Ni siquiera me había sentado en la mesa cuando Adri empezó a hablar de sus emociones ocultas. “Ya sé que somos colegas y que nos contamos todo pero…no sé por dónde empezar”. Resulta que tenía un amor oculto de la infancia, una chica que le gustaba desde que éramos niños pero nunca se había atrevido a reconocerlo. Noté que mis pulsaciones aumentaban y perdí por un momento el hilo del discurso. Lo mejor de todo es que ya sabía que era correspondido porque en los últimos días había notado señales. Me llamó porque necesitaba mi ayuda. Yo era la pieza clave del asunto… ¡Nos ha jodido!, se supone que yo era la protagonista, el objeto de deseo.

No supe reaccionar y le dije que a mí me pasaba lo mismo. Otro amor surgido en la niñez que había rebrotado en los últimos meses y que ya no podía ocultar. Se quedó pálido. ¡Qué casualidad! Nos miramos, nos reímos, nos chocamos la mano y al final me dijo lo que menos esperaba escuchar. “Estoy colado por Julia. Me mola mucho y necesito que me eches un cable porque no me atrevo a decírselo”. En ese preciso instante y en cuestión de segundos mi cara debió de evolucionar de los tonos rojos a un morado intenso. Mantuve la compostura lo mejor que pude, le dije que contara conmigo y me levanté de la silla con toda la elegancia que me quedaba.

Quería huir pero me retuvo. “¡Ey!, ahora te toca a ti. ¿Quién es el afortunado de Lola?”. Me quedé en blanco y dije lo primero que me vino a la cabeza. “El Chapas”, el tío más rancio y coñazo del mundo. Ni aunque el universo se estuviera extinguiendo y solo quedásemos Chapas y yo, lo tocaría con un palo. Si la reproducción de la humanidad dependiese de nosotros, desapareceríamos seguro.

Adri se empezó a descojonar y me dijo que no se lo creía. “¡Pero si pensaba que no lo soportabas! Está claro que del amor al odio hay solo un paso…” ¡Y tanto!….Menuda razón tenía porque le odiaba a él y a mi hermana con todas mis fuerzas. Con recochineo me dijo que hablaría con su colega y que me concertaría una cita en los próximos días. No quise seguir escuchándole y simplemente puse una sonrisa forzada más falsa que Judas y me fui.

¡A la mierda todo!, él, Julia, Chapas y el Universo.

O tiro a mi hermana por un puente o me tiro yo.

 

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