JULIA DÍA 23: Crisis total

No me reconozco. ¿Quién soy ahora? ¿Una choni que se lía con el primero de su especie que le dice dos tonterías? Estoy en crisis total. Decidí contárselo a Michael porque nuestra relación se basa en la confianza y en la sinceridad y yo necesitaba quitarme ese peso de encima. Le respondí al mensaje y quedé con el por Skype. Fui a un cibercafé. Solo diré que tras la conversación (que escuchó todo el mundo aunque llevaba cascos) la camarera me trajo un paquete de clínex y un whiskey a palo seco.

Nunca había visto a Michael tan enfadado. Mejor dicho, nunca había visto a Michael enfadado. Él es un caballero inglés, no se le mueve una ceja aunque le escupan en un ojo. Bien, pues ha considerado mi traición como imperdonable y me ha dicho que me puedo quedar con Arenur para tomar cañas y tortilla española, que él ya se buscará a otra para llevarle un café y un muffin del Sturbucks los domingos por la mañana.

En una situación así, en la no tengo ganas de vivir, estoy como para ponerme a cocinar magdalenas. Pero eso Lola no lo entiende, así que la hemos tenido otra vez porque dice que no paro de regar con lágrimas las magdalenas y que quedan aguadas. Ahora me llama “María Magdalena”; se creerá muy graciosa con el chiste. Adrián se ha portado, la verdad. Me ha defendido, le ha dicho a Lola que se estaba pasando veinte pueblos. Claro, a ellos no les he contado toda la verdad, solo que Michael me ha dejado, pero no por qué.

El abuelo me ha pillado en el WC llorando y se ha sentado en el borde de la bañera, en plan comprensivo y poniendo en riesgo su equilibrio.

-Anda niña, no llores más que te vas a quedar seca.

-¡Soy una persona horrible!

-No digas eso. Te ha dejado el franchute, tú no has hecho nada. No sabe lo que se pierde.

-Es inglés, abuelo, y me ha dejado porque he hecho algo horrible.

-¿Qué has hecho, criatura?

-He… besado a otro chico.

El abuelo se ríe a carcajadas y por poco se cae dentro de la bañera.

-¡Pero hija! Y, ¿te ha dejado por esa bobada? Ese hombre es tonto. Pero más tonta eres tú por contárselo, ¿quién te manda?

-¡Abuelo! Los pilares de la pareja son la sinceridad y la confianza.

-Bah, bah, paparruchas. Yo he sido siempre como los marineros: en cada puerta un amor. Y a tu abuela la quería mucho, eh. En la residencia era un galán, ahora estoy perdiendo práctica porque con tanto trabajo casi no tengo tiempo.

-¿¿¿Abuelo???

-Ay, hija, con lo fácil que lo tenías tú: él en el extranjero y tú aquí.

-Abuelo, estoy flipando contigo.

-Por lo menos has dejado de llorar.

Esta conversación con el abuelo me hizo reflexionar. A lo mejor me había precipitado un poco. Reconozco que hablar con él me animó un poco, pero seguía muy deprimida como para poner buena cara y conseguir que la gente se parase a escuchar mi rollo sobre Ancianos Sin Fronteras, que me aburre hasta a mí. Así que Ismael, que desde que entró la nueva se ha vuelto un gilipollas, me ha amenazado, A MÍ, con mandarme a mi casa si sigo con ese careto de amargada. Yo he intentado ponerle ojitos (sí, he perdido toda dignidad) pero ni por esas.

Y es entonces cuando ha pasado otra cosa muy fuerte. Arenur ha venido hacia donde estábamos hablando y le ha dicho a Ismael que la culpa de que yo no capte socios, atención, la tiene él, que me ha quitado el sitio. Yo estaba flipando, no me lo podía creer. “Perdona, jefe, yo ya me voy a otro sitio, pero no me eches a la niña”. 

Total, que con la emoción de ese precioso gesto le he mirado a esos ojos azules con un piercing en la ceja derecha y… le he dado otro beso (de agradecimiento).

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