JULIA. DÍA 22: Armisticio

Uf, menudo día, no sé ni por dónde empezar a escribir. Mi cabeza es como una montaña rusa, por el lío que tengo y por la resaca. Bueno, lo primero de todo es que Adrián nos ha citado -con una burda excusa, claro, si no, no habríamos ido- a Lola y a mí en su casa. Con todo conciliador nos ha pedido que hiciéramos las paces, a lo que mi hermana, con su educación habitual, ha respondido que “ni de coña le vuelvo yo a hablar a esta cerda traidora”. Yo le he dicho que no me insultara y bla, bla, bla nos hemos enzarzado en una pelea de las nuestras. Entonces Adrián ha pegado un grito y:

A: Julia, deberías pedirnos perdón por habernos engañado.

J: Pero, ¿tú has oído todo lo que me ha llamado?

A: Me da igual, ya le tocará a ella, pero primero pide perdón tú.

J: (Murmurando) Lo siento. (Pausa) De verdad.

A: Muy bien. Ahora te toca a ti, Lola. Bueno, a nosotros.

Parecía un casco azul en busca de la paz.

L: ¿Yo? ¿Por qué tengo que pedir perdón?

A: Pues porque nos hemos quedado con más dinero del que nos correspondía, por eso.

J: ¿¿¿CÓMOOO???

A: No hemos hecho un reparto equitativo, pero estamos arrepentidos.

L: JA.

A: No más mentiras a partir de ahora.

J: Que te crees tú que voy a volver a trabajar con vosotros, timadores, trepas, que sois unos–

A: Tú has hecho lo mismo, aquí los tres somos iguales.

L: Si es que eres gilipollas, ¿para qué dices nada? ¿Ahora te pones de su parte? Ah, perdón, que es que desde que llegó has estado de su parte.

Lola está a punto de irse, pero Adrián la agarra del brazo. Momento telenovela.

A: Lola, no te enfades. Mira, sin Julia el negocio va a peor, tú misma te has dado cuenta. Es una relaciones públicas cojonuda. Venga, que podemos ganar pasta con esto: tú para volverte a Londres y nosotros para montar la revista.

J: A lo mejor podemos olvidar todo esto y empezar otra vez.

A: Lolita, no seas rencorosa, que tú también tienes lo tuyo. Anda, dale un beso a tu hermana.

Reencarnación de mamá, otra vez.

Y así fue cómo hicimos las paces o, al menos, dejamos de tirarnos los trastos a la cabeza. Pero aún me queda de contar lo más fuerte…

Tenía turno de tarde en Ancianos Sin Fronteras y coincidí de nuevo con Arenur. Como hemos empezado a tener buen rollo después de que me regalara un socio para acabar el mes, nos fuimos a tomar unas cañas al acabar la jornada. Yo estaba muerta de cansancio y me resistí, de verdad que me resistí, pero Arenur es tan insistente como persona que como captador. Así que después de muchas risas y demasiadas cervezas… se me lanzó. Y yo, en vez de apartarme y caerme a un piscina pues me dejé. Pero solo un poco, que conste. Pero me dejé, no lo voy a negar, que esto no lo va a leer nadie. Y ahora estoy fatal, Michael me ha escrito para hablar por Skype, pero no he tenido valor para contestarle. ¿Qué hago? ¿Se lo cuento?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s