LOLA. Día 20. Julia y Rastas…¿liados?

Casi 100 pavos me ha costado el puñetero cojín ortopédico. Que yo no digo que no sea necesario porque sé que desde que el abuelo toma el Sintrom anda mal de la circulación y tiene tantos moratones que da grima. Y mira que él se lo toma con buen humor y dice que son como los tatuajes modernos. Mientras la gente paga una pasta por hacerse heridas en el cuerpo a él le salen gratis. Es un cachondo.

A mí lo que me dio rabia es que lo haya tenido que comprar yo y justo ahora que, a pesar de sacar beneficios, el objetivo era otro y lo del abuelo podía esperar. Era algo secundario hasta que mamá y sus colegas descubrieron todo el percal y la mujer anda suspirando por los rincones de la casa, debatiéndose entre el bien y el mal para decidir qué hacer con el negocio. Sus socios no ven con malos ojos el ingrediente oculto de las magdalenas, más bien todo lo contrario. Al contar los beneficios de la última semana los demás han llegado al acuerdo de que aquí lo que cuenta es la pasta. A la Puri, que es otro nivel, se le han puesto los ojos como platos y está emocionada pensando que vive en una serie rollo “Sin tetas no hay paraíso”. Y digo yo, ¿qué tendrá que ver?, pero bueno mientras que ella se dedica a ponerse trajes y gafas de sol por el barrio, en plan malota, pues nos deja en paz y no mete las narices en la cocina.

Mamá estaba un poco rancia. De joven vivió su época loca de acercamiento a la marihuana (por lo que nos contó papá hace tiempo) pero últimamente está muy pesada con el tema de la moral. Además le influye lo del rollo del karma y cree que si vendemos cupcakes y drogamos a la gente, las energías universales le devolverán malas vibraciones. “Déjate de historias. Aquí lo que cuenta es que a partir de ahora el abuelo va a estar como un marqués y se podrá sentar en cualquier sitio sin dolores ni molestias”. Tan tiernas sonaron mis palabras que mamá se puso a llorar desconsolada porque ella llevaba varios meses intentando ahorrar para comprarle el cojín pero nunca podía porque los gastos en la casa nos superaban. El abuelo también se emocionó y era un mar de lágrimas. Me abrazó y me dijo que no se merecía una nieta como yo. Le seguí hasta el cuarto para que habláramos pero no quiso. Me dio con la puerta en las narices mientras repetía lo mal abuelo que era. No entendía nada.

Cuando volví al salón me sentía fatal. Había actuado por egoísmo, no por altruismo. Simplemente estaba jugando como una buena estratega que sabe con qué movimientos puede ganarse el sí de mamá. Y puede que estuviera funcionando porque en la lista que elaboraba de pros y contras parece que ganaba lo positivo. El dinero no da la felicidad pero ayuda, acabó diciendo.

Elvira iba a dar su veredicto en un par de horas. Lo había prometido. Julia estaba sentada a su lado cerrando los ojos cada dos minutos como si no le importara mucho el resultado (estaba como en otro mundo) pero yo no podía con la tensión. Me sentía como una concursante que esperaba el resultado del jurado. Les dije que necesitaba tomar el aire y me fui a dar una vuelta por la plaza. Compraría unas bolsas de pipas que vienen genial para relajarse. Abdul las vende a 30 céntimos y desde que no bebo cerveza las he agregado a mi lista de nuevas adicciones.

Al salir del portal me choqué con Rastas. Era demasiado tarde para huir y me quedé con cara de espanto esperando a que me llamase por uno de mis dos nombres. “Mira que yo pensaba que la pija era la tonta, pero igual la tonta eres tú”. Aunque parecía lerdo cuando le compramos, lo había descubierto todo. Vamos, tampoco hay que ser muy avispado para comprender que ni por asomo mi hermana y yo podríamos ser la misma persona. El pringao se había dedicado pico y pala a seguirla, tarde o temprano se tendría que enterar. Lo que me sorprendió es que ya no parecía un incordio para Julia, incluso hablaba de ella como si fueran colegas o quizás algo más.

Lo que estaba claro era que, como me había reído de él, a mí ya no me miraba con ojos de deseo. Tampoco es que pareciera que me guardaba rencor, simplemente era indiferencia. Lo que más me jode en esta vida.

Me quedé mirándole fijamente. Por primera vez, le vi atractivo. Sus ojos eran bonitos, era guapete, los dientes los tenía perfectos…y… ¿estaba comiendo una de mis magdalenas?

LOLA: ¿De dónde la ha sacado

RASTAS: Me la ha dado tu hermana. Están para chuparse los dedos, como ella…

Anda… que vaya telita con Julia. Como si las cosas estuvieran para ir regalando por ahí la mercancía. Desde luego que esta chica no tenía ninguna mentalidad de negocio. No le encontraba ninguna explicación. A no ser…que estuvieran liados. A ver si va a ser cierta la teoría de que los polos opuestos se atraen…Ella últimamente ni come ni duerme como si tuviera un debate interno amoroso y él sonríe mucho cuando habla de Julia, se le ilumina la cara…

Madre mía… ¿estarán liados de verdad?

 

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