Lola. Día 16. Con las manos en la masa

No sé qué extraña alienación de astros se ha producido o dos cables han hecho contacto en la cabeza de Julia y se ha vuelto estúpida del todo. Ella que siempre ha tenido en funcionamiento media neurona ahora presume de tener la idea del siglo para sacar a la familia de las estrecheces económicas. Hasta hace dos días quería delatarme y ahora pretende meter a mamá en el lado oscuro. Me negué rotundamente.

Cuando nos contó su plan maestro de vender cupcakes con sustancia yo estaba con Adri en casa y él, a pesar de darme la razón en que era una locura, se quedó pensativo como si no le pareciera tan mal. No entiendo por qué le baila tanto el agua a Julia. Como todos, debe de pensar con la entrepierna y cuando ve un vestido primaveral se queda tonto.

Julia no dejó de insistir en que nunca había visto a mamá tan deprimida, que podemos caer en la ruina porque la cooperativa en la que se ha metido no vende los objetivos marcados…Y luego dicen que yo soy la loca. Pero… ¿en qué momento Elvira la inteligente y sus cuatro amigos pringaos del barrio decidieron dejar de ver los programas de Chicote y hacerse empresarios?

No volvería a cocinar. Lo de los cupcakes divertidos lo hice como gracieta para sorprender a Adri y porque había que hacer algo con el excedente de su armario (fumarlo todo era exagerado y regalarlo…¡ni de coña!). Lo que no imaginaba era cómo la empresa de mamá los podría vender sin levantar sospechas. Era demasiado arriesgado y ya no estábamos para eso.

Me comí la última magdalena arrebañando todas las migas del plato (¿quién se habría comido las otras cuatro?). No estaban nada mal. Orgullosa de mi éxito me fui a la fotocopiadora más contenta que nunca. Algo me había salido bien. Hasta Julia me había felicitado.

Al llegar, “Chapas” estaba esperándome en la cafetería. Es el alumno más antiguo de la facultad y creo que se casará, tendrá hijos e incluso nietos y seguirá sin acabar la carrera. Le quedan un par de asignaturas desde hace cuatro años. Nadie sabe su edad ni su nombre. Lo bueno de “Chapas” es que se entera de todo. Está a la última de las notas, los cotilleos y las becas.

La Universidad de Argentina había sacado las bases de un concurso internacional de revistas de Filosofía para distribuir en Latinoamérica. Se pedían 200 ejemplares como primera tirada de prueba. Estábamos tan cerca de acabar nuestro proyecto y de poderlo ver impreso que la emoción me pudo. El problema era el de siempre, el puto dinero. Si en seis meses conseguíamos fondos podríamos presentarnos y ganar.

Me fui volando al piso de Adri y se lo conté con la respiración entrecortada. Esta era nuestra ocasión y no la podíamos dejar escapar. Sonrió y me dio un abrazo. No hizo falta que me dijera nada porque lo vi en sus ojos. “Mira Adri ni loca trabajo con Julia. ¿No entiendes que no nos soportamos? Además si pillan a mamá en esto no me lo perdonaría”. Le dije mil excusas. Me puse en plan paranoica explicándole como el CNI podría examinar mi casa en busca de restos de magdalenas contaminadas. De nada me sirvió.

Para Adri vender los putos cupcakes  era la mejor alternativa. Nuestra mercancía tan bien camuflada estaría a salvo. Me comió la cabeza, me enredó en sus palabrerías y al final terminé cediendo…

Manos a la obra. Había que preparar una degustación del producto, recuperar a los clientes perdidos y empezar el nuevo rumbo del negocio.

¡A encender la candela!…

 

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