JULIA. DÍA 12: Él, en Brik Lane y yo, en Lavapiés

Ay, diario, estoy derramando sobre la página treinta y uno las mismas lágrimas que me caían en la página cuatro cuando Carlitos no quería jugar conmigo a la comba. La misma sensación de soledad, de incertidumbre, de incomprensión. Michael no me envió ayer mi mensaje de good night, algo que ha hecho S I E M P R E, desde que empezamos, aunque estuviera en Oslo, Roma, Estambul o en el lado izquierdo de la cama. Él sabe lo importante que es eso para mí, y más ahora que me siento tan lejos y tan sola. Obviando que está en perfectas condiciones de salud -se ha conectado al facebook esta mañana-  está claro que ese gesto solo puede significar dos cosas:

1.- Está con otra.

2.- Ya no me quiere y se irá con otra tarde o temprano.

Así que estoy de superbajón. No le he escrito en todo el día, no quiero parecer una arrastrada. Desde el email que le mandé ayer a las 12.37 no he vuelto a tener noticias suyas. Y fui yo la que le escribí, así que ahora le toca a él contestar, esa es una regla inquebrantable. Mamá intenta justificarlo diciendo que a lo mejor está ocupado o enfermo, pero yo no me lo trago. Si me dio las buenas noches hasta cuando tuvo Gripe A.

Hoy, al salir de trabajar, Ismael me ha vuelto a decir lo de las cañas. Y esta vez le he dicho que sí, a ver si Michael está disfrutando de tener una novia a distancia y yo no voy a poder. Entramos en un bar y dejamos a Rastas en la puerta (he pensado en bajarle una foto de Lola y mía juntas, pero el equipo le ha tomado mucho cariño y nos ayuda a conseguir socios).

Ismael es muy simpático y agradable. Tiene el pelo castaño oscuro, un poco ondulado y siempre lleva vaqueros y jerseys básicos. Como es más o menos guapo me he hecho una foto con él y la he subido a Instagram. Tampoco es que quiera darle celos a Michael, no soy tan niñata. Lo puse en Instagram… porque me apetecía y ya está. Nos hemos reído mucho, me ha estado contando batallitas de captación. Dice que ha roto muchos matrimonios porque usa como técnica tirarle los trastos a las mujeres. Qué fantasma. “¿A mí también me quieres hacer socia?” Y él se ha reído a carcajadas y le ha dado un sorbo a la cerveza. Sí, reconozco que ha habido un momento de pelar la pava, pero ya está, sin más, que estoy muy de bajón.

Después hemos recuperado la conversación seria y me ha propuesto ir a un curso de formación sobre captación para ONGs que se hace el finde que viene en un hotel, en plan intensivo. Por una parte me apetece desconectar del abuelo, de Erasmus, de Lola… Pero por otra, no sé. Tiene pinta de ser un nido de frikis. Lo llaman el Hotel del Amor porque allí se cumple la maldición de la empresa: todo el que entra allí deja a su novi@  por otr@.

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