Lola. Día 12. Motín en la fotocopiadora.

Menudo encantador de serpientes está hecho Adrián. Al final ha conseguido que la fiera se tranquilice. Julia está como en otro mundo. Parece preocupada por algo y no habla tanto de Michael (normalmente lo menciona en una de cada dos frases) pero a mí me viene genial porque así se olvida de desvelar a la familia mi lado oscuro.

Le ha contado todo sobre  el proyecto que nos sacará de la venta de hierba. Adrián dice que era la única opción de asegurarnos de que Julia cerrara el pico (al menos por un tiempo). Y no ha tenido que utilizar ni estrategias ni mentiras, es la pura verdad.

Los trapicheos son algo temporal hasta que consigamos dedicarnos a lo que realmente nos gusta. Llevamos un par de años preparando una revista de filosofía alternativa que pueda distribuirse en todas las universidades de España (y quizás, en un futuro, de Latinoamérica).

Hemos creado una nueva manera de difundir la filosofía porque recuerdo a los carcas de mis profesores (Adolfo por ejemplo que parece tener 100 años desde siempre) y me da pereza. Estamos seguros de que nuestra publicación será un éxito pero para lograrlo necesitamos buenos colaboradores, un editor de calidad y bastante dinero….

Y a este paso ni en un siglo conseguiremos la pasta. Estuve media mañana haciendo números y las cuentas no cuadraban. ¿Cómo es posible que en las últimas semanas haya aumentado la demanda y estemos perdiendo beneficios?

Me fui corriendo a la habitación de Erasmus para ver qué había pasado pero estaba en estado de resaca profunda. Su habitación olía a una mezcla de tabaco y ron que daban ganas de vomitar. Le puse a tope el CD del abuelo de Manolo Escobar, levanté la persiana y me dispuse a empezar el interrogatorio de tercer grado.

Desde que va de duque del barrio (piensa que lo de ser camello le hace más atractivo) no da ni pie con bola. Me explicó que le había regalado algo de marihuana a unas chicas que conoció (y eso que le advertí que no mezclara los negocios con las faldas) y el resto aseguraba que lo había vendido al precio acordado. Imposible. La había vuelto a cagar. Total que el tío se había dedicado a vender marihuana casi por el mismo precio que un niño compra un chupachús. Con eso de que no se aclara con el idioma le bailaron los números también (a tortas le habría hecho yo bailar a él justo en el mimo momento que me lo contó).

Respiré profundamente intentando tranquilizarme (¿cómo le iba a contar todo eso a Adri?) y le dije que cuando volviera de la fotocopiadora seguiríamos hablando. No quería perder los nervios.

Me fui volando a la facultad para repartir los pedidos de las tres de la tarde. A esa hora todo está vacío, no hay vigilancia y los clientes pasan desapercibidos. De camino al campus me encontré con un par de chicos que vienen todos los jueves y cuando les saludé me miraron con mala leche (no le di mucha importancia porque cuando van muy fumados a veces ni me reconocen).

Bajando las escaleras me crucé con dos ex compañeras de clase que normalmente son muy majas y me pegaron un empujón. ¿Qué coño estaba pasando?

Reunidos justo a la puerta de la fotocopiadora estaban los compradores habituales hechos una furia. No entendía muy bien lo que decían porque hablaban todos a la vez pero lo que saqué en claro es que querían que les devolviese parte de su dinero. Se habían enterado que un mindundi llamado Rob, que era nuestro socio, vendía la misma mierda pero más barata. Se sentían estafados y amenazaban con no volver.

Como una carnicera que ha repartido producto en mal estado me disculpé lo mejor que pude y uno a uno les di su parte (no podíamos perder a tanta gente) incluso poniendo de mi bolsillo.

Cuando todos se marcharon mi estado de ánimo evolucionó en cuestión de segundos. Quería llorar, matar a Erasmus, mudarme con Descartes a Australia y no volver nunca, beber tequila hasta desfallecer…pero al final como soy coherente le escribí a Adri.

“¿Tienes sitio en el armario?…tenemos que meter más geranios”

Apagué el móvil. Desconecté del mundo y me fui a pasear por el Retiro.

Mañana será otro día…ya lo dice el refrán del abuelo…día de llanto, víspera de risa (¿o era al revés?).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s