LOLA. DÍA 8. Punki de mierda

Agua, zumitos, un refresco…Quería llorar, meterme en un zulo y no salir nunca más. Hacía mentalmente la lista de las alternativas pero era imposible consolarse. Soy intolerante a la cebada. Como Chanquete sin barco o Heidi sin el abuelo mi vida ya no tendrá sentido.

Los resultados llegaron ayer. Abrí la carta, la tiré a la basura y me quedé sentada en la taza del wáter pensando qué voy a hacer a partir de ahora. La cerveza es mi identidad, el centro de mi vida social y el flotador que me mantiene cuerda en esta casa. Ya no sé quién soy. Desde que mi hermana juega a ser yo mi reputación está hundida. Ayer pegó carteles por toda la facultad diciendo que era mi despedida de soltera. La gente se ríe en mi cara. No se puede caer más bajo.

Justo en el momento de máxima angustia existencial sonó el móvil. Era un whatsapp de Adri. Me invitaba a tomar unas cañas en el Rustrel. El grupo había quedado para planificar las Marchas de la Dignidad del día siguiente. Las mejores ideas siempre salían alrededor de una buena cerveza….

Empezaba mi decadencia. Me inventé un malestar profundo, un dolor de tripa de los de la regla, y me quedé toda la noche en la cama leyendo El arte de ser feliz de Schopenhauer. No me podía concentrar pero seguía en mi empeño. Si hago cosas interesantes demostraré que de verdad soy interesante.

El abuelo entró un par de veces para proponerme planazos. En Cine de Barrio ponían una película de Paco Martínez Soria y poco después la cena estaba hecha. Había sorprendentemente revuelto de zanahorias, guisantes y tofu, mi plato favorito. No tenía apetito. Pero el abuelo me conoce y para animarme me pidió ayuda, sabe que no me puedo resistir a ser útil y a hacer el bien en general (me considero una buena persona). Le acompañaría por la mañana al médico porque tenía que coger el autobús y no le inspira confianza. Dice que el otro día veía cosas raras (el pobre no sabe que es por la hierba que tomó creyendo que era manzanilla).

Durante toda la noche esperé una llamada, un evento de facebook, alguien que me rogara que fuera a la manifestación porque me echarían de menos y porque yo siempre tengo ideas geniales para las pancartas.

Nadie lo hizo. Cansada de esperar mandé todo a la mierda y me presenté en el Rustrel sabiendo que era peligroso. Cuando llegué ni se dieron cuenta de mi presencia. Ni siquiera Adrián me preguntó qué tal estaba. Empezaba a ser invisible. Me ofrecieron cerveza unas veinte veces pero estaban tan eufóricos por la mani que no les sorprendieron mis negativas. Me acerqué a la barra y pedí muy bajito una botella de agua. El camarero me miró con los ojos como platos. Le dije que tenía muchísima resaca y me guiñó un ojo ¿Cuánto tiempo podré ocultarlo?

El inicio de las marchas se acercaba y empecé a ponerme nerviosa. Con el gentío del metro ya me temblaban las piernas pero cerré los ojos y pensé en campos vacíos y en el cielo (los ejercicios de relajación que mamá me recomienda) y durante la primera hora funcionaron.

Hacía casi dos años que no acudía a un evento como aquel y me sentía valiente por atreverme a luchar contra mis miedos. Pero poco a poco empecé a notar zumbidos en los oídos, escuchaba los gritos de la gente y me daban ganas de salir corriendo. Me faltaba la respiración y se me nublaba la vista. Veía todo tan borroso que apenas reconocí a Adrián, al estilo de los héroes griegos, sacándome en volandas entre el aluvión de personas. Me atendió el 112 y cuando me quedé más tranquila me acompañó a casa.

En el camino no podía hablar, estaba en estado de shock. Justo antes de llegar a la plaza de Lavapiés me senté en un banco y empecé a llorar. Como una botella de champagne que abren a presión, solté todo. Le conté a Adri que desde hace años me habían diagnosticado una fobia a las aglomeraciones y que justo ayer me dijeron que soy alérgica a la cerveza. Le grité que soy una punki de mierda que no puedo luchar en la calle por las causas en las que creo porque me agobio. Después no sé muy bien que dije…pero se acercó y me abrazó.

Sentí una tranquilidad extraña que duró poco tiempo. A lo lejos vi a Julia y al abuelo entrando al portal, riéndose, con demasiada complicidad… ¡Mierda! Me había olvidado de acompañar al abuelo al médico…pero lo que recordaba a la perfección es que tenía que vengarme de Julia, de su apariencia de mosquita muerta…de que quede como la buena, de que últimamente no deje de joderme la vida…

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One Comment

  1. La alergia a la cebada es una cosa rara rara… alergia al gluten… ok, pero, ¿a la cebada? Anyway… no hay ningún problema, porque Lola pronto descubrirá que ¡existe la cerveza de trigo! Y no sólo eso, sino que también… ¡se puede fermentar en casa!
    😉

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