Julia. Día 7: La venganza es un plato que se sirve frío

Despertar en mi casa es siempre una odisea. A veces, antes de abrir los ojos tengo la sensación de que Michael me va a dar mi beso en la frente de buenos días. En lugar de eso, hoy el abuelo me ha chupado un ojo. “Ah, creía que eras la zarrapastrosa, pero eres la finolis” y se ha echado a reír. Hoy se ha levantado más eufórico de lo normal y hasta se ha comido un muffin de pollo frito. Lo ha desmigajado como si fuera pan y se lo ha comido empapado en el café así, modo sopa. Qué asco, por dios.

Me he ido al salón a tomarme mi té Rooibos y me he encontrado a mi padre con un walkman de, por lo menos, 1835, repitiendo palabras en inglés: “Ay am Fernando. Ay am from Madrid. Ay laik readin an walkin”. Estaba tan concentrado… que se dio cuenta de que estaba allí por mis carcajadas.

Se hizo un silencio incómodo y enseguida me di cuenta de que había metido la gamba hasta el fondo. Mi padre estaba rojo como un tomate, el pobre. ¿Para qué quiere aprender inglés, a sus años? Pues sí. Uno de los mocosos a los que da clase ha suspendido Inglés en el instituto y necesita clases de refuerzo. Y no estamos para rechazar alumnos… Así que me he ofrecido a ayudarle a preparar la clase. Él dice que solo necesita refrescarlo, que tiene un intermedio-alto hablado y escrito. Claaaaaro.

Después de revisar con el present simple me he marchado a la facultad de Filosofía. Tenía muy claro que no iba a dejar pasar por alto lo del rastas piojoso (ahora mismo está cantando Me gustas tú, de Manu Chao debajo de mi ventana, pero ya no le hago caso). Así que me hice una foto súper arreglada (con vestido rosa palo, maquillaje nude). Con Photoshop le hice un marco cutre con un letrero debajo: “Es mi despedida de soltera. ¡Te invito a una cerveza!”

Tras fotocopiar la imagen como unas ciento cincuenta veces empapelé la facultad. Desde los pasillos se podían oír las risillas de los frikis que se arremolinaban en torno a las fotos. La venganza es un plato que se sirve frío.

Bajé a la fotocopiadora -que resultó estar en Mordor- para ver la cara de mi hermana. Esa sí que se merecía una foto…

-Eres lo peor.

-¿Y tú? Me has endosado a un rastas piojoso que es peor que una tuna.

-Yo tengo una reputación aquí.

-Sí, bueno, eres la catedrática, no te digo.

Lola empezó a poner cara de retortijón de barriga y náusea a la vez.

-Vigílame esto un minuto si es verdad que tenemos el mismo material genético.

Y se marchó corriendo al baño y al minuto apareció una chica con rastas (¿cómo es posible? Un chico tiene un pase, pero ¿una chica con rastas?).

-Lola, ¿y esa foto con cara de gilipollas?

-Una apuesta con Adri, es una coña.

-Pues te la ha jugado bien porque se está descojonando de ti hasta el decano.

-(Yo, muy emocionada, obviously) ¿Sí? ¿En serio?

-Sí, oye, que tengo ahora Moderna. ¿Me puedes hacer una copia de este tema y… (lo siguiente lo dijo más bajito) me das 20 euritos de lo que tú ya sabes?

-¿20 euritos? Sí, de ¿rotuladores?

La rastas se echó a reír.

-Claro, de rotuladores. Te dejo aquí los apuntes y me paso luego, ¿vale?

-Espera, espera. Que no sé donde he puesto los rotuladores…

-Si los tienes en ese armario, idiota.

La rastas se largó y yo abrí el armario. No me lo podía creer: Lola no solo es yonki, también es una traficante.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s