LOLA. Día 20: Flechazo a primera vista.

Ni mordazas, ni esparadrapos, ni tazas con diez sobres de tila. Nada sirvió para amansar a la fiera China que parecía un demonio poseído a punto de ser torturado. Todos se fueron de casa con la cabeza a punto de estallar y me dejaron sola con el marrón, al borde del abismo.

Una hora después de que se intensificaran los gritos de socorro, Dolores, la vecina del quinto, ya estaba chismorreando con medio patio de vecinos. No tardaron ni cinco minutos en picar el timbre hasta quemarlo.

LOLA: ¡¡Ya va!! ¡Dos minutos, que estoy en el baño!

Coloqué rápidamente el salón para eliminar las pruebas del delito pero, como a Rato, la jugada me salió mal. No me había dado tiempo a abrir la puerta, cuando veinte caras agresivas me asaltaron con odio, esperando una respuesta que calmase sus instintos asesinos. La primera en entrar fue Dolores que empujó la puerta al estilo de los GEO.

DOLORES: ¿Pero qué es todo este alboroto? ¿Qué está pasando aquí?

LOLA: ¡Qué pasa Dolorines!, ¡¿qué ya se te ha acabado el Salvame y te aburres de cotillear por la mirilla?!

Justo en ese momento La China intensificó sus gritos de auxilio y empezó a llorar como un cerdo de camino al matadero.

De repente, Milagros, la vecina del cuarto, me miró con los ojos inyectados en sangre y me acusó de ser la más perversa sádica de todos los tiempos.

MILAGROS: ¡Seguro que estás haciendo sadomacosinmo de ese, que eres una pervertida, una perdida…como en la película esa de las 50 sombras del Rey! ¡Si es que mira que eres golfa!

Todos mis intentos de ser educada se fueron por la borda y mis gritos calmaron, por fin, los de La China.

LOLA: ¡Pandilla de amargadas marujonas, iros a vuestra maldita casa a seguir con vuestra aburrida vida de pazguatas!

MILAGROS: ¡Ahora mismo vamos a llamar a la policía!

LOLA: ¡Eso es! ¡A ver si las detienen porque su grado de estupidez debería estar tipificado como delito en el Código Penal!

Empujé a Dolores al pasillo y con el cepillo amenacé al resto. El portazo resonó en toda la comunidad. Ahora ya tenían argumentos de peso para criticarme con razón.

Varias veces escuché las sirenas de fondo y, muerta de miedo, imaginándome en Alcatraz hasta el fin de mis días, le escribí un mensaje a la única persona que podía ayudarme en estos casos. Mi adorada y queridísima amiga María, que tras su viaje a la India había cambiado su nombre en el registro por el de Naya, llegó a casa con una túnica de colores y muchas ganas de contarme las mil y una experiencias que había vivido en su viaje.

Casi recién aterrizada y con el jet lag en los ojos, no me echó en cara mi “por el interés te quiero Andrés” y prometió ayudarme con sus nuevas terapias espirituales, karmáticas de segundo grado.

A pesar de mi incredulidad y férrea racionalidad, lo que ocurrió en aquel cuarto fue algo cósmico, indescriptible, irreal… Cuando MaríaNaya miró a La China, el silencio lo inundó todo. Se encerraron en la habitación toda la noche y yo perdí la noción del tiempo intentando dormitar en el sofá.

A la mañana siguiente, María y la China salieron del cuarto agarrados de la mano. Sus caras parecían una conversación pastelona de Whatsapp.

MIRADA

GUIÑO, GUIÑO

CARITA SONRIENTE

BESO, ¿¿¿CON CORAZÓN???

Me no enterder. China ya no preocupar. María todo solucionar.

JULIA DÍA 20: “La nieta de Paquita”

Lucecita + sonido de WhastApp. Mensaje de Pablo. De hace 2 horas y 35 minutos (qué mierda no tener datos y solo poder ver WhatsApp en sitios con wifi.

-Hola Julia, ¿qué tal? ¿Te apetece que me pase por tu barrio para tomar un café?

¡¡¡Sí!!! Esperé cinco minutos para contestarle. Bueno, 4 y medio.

-Claro, ¿a las 6 en la parada de metro?

Emoticono del pulgar en señal de OK. Y ahora, ¿qué me pongo? Salvé la crisis en tiempo récord (hora y cuarenta minutos para elegir un outfit favorecedor, fresco, primaveral y casual). Todo con la ropa del año pasado, así que nada de estilo náutico y coral, las tendencias de esta temporada. No había tiempo de teñir nada, así que opté por un vestido de estampado étnico, cazadora vaquera y cuñas color camel.

LOLA.- Vas más pija de lo normal… ¿con quién has quedado?

JULIA.- ¿A ti qué te importa?

LOLA.- ¿No irás a ver al pitufo, verdad?

JULIA.- ¿Qué dices? No he vuelto a saber de él. Pasa de mí.

LOLA.- Venga, quita esa cara que hay más peces en el mar. Pero por favor, el próximo pez que no sea ni pitufo, ni picoleto, ni militar si no te importa.

JULIA.- ¿Tacho a alguien más de la lista?

LOLA.- Tampoco nadie de Nuevas Generaciones, ni sociatas cutres, ni modernos, ni frikis insoportables de los juegos de rol…

Esto último ya lo oí desde las escaleras. Llegué a la parada y allí estaba él. Apoyado en un farola. Perfecto.

PABLO.- Muchas gracias por venir, Julia, supongo que estarás muy ocupada.

JULIA.- Bueno, no te preocupes, tengo un rato.

Le propuse ir a Malasaña, pero prefirió quedarse por Lavapiés. ¡No es hipster! Al final va a tener una oportunidad como cuñado de Lola.

PABLO.- Todavía no me has dicho a qué te dedicas exactamente.

JULIA.- Soy una nueva emprendedora.

PABLO.- Eso ya me lo dijiste el otro día. ¿Pero qué haces exactamente?

Uf. Ya no puedo seguir haciéndome la interesante.

JULIA.- Vendo muffins.

PABLO.- Entonces, ¿estabais vendiendo magdalenas en la universidad?

JULIA.- No, no, no. Qué va. Tengo una empresa de catering. Laura es una… ex novia de Adrián.

PABLO.- Ah… y ¿a quién vendéis los muffins?

JULIA.- ¿Te he preguntado yo a quién metes en el calabozo?

PABLO.- Touché.

JULIA.- Bueno, cuéntame tú, ¿qué haces cuándo te quitas el uniforme?

PABLO.- Nada, tengo una vida muy aburrida. Juego al fútbol con los compañeros, voy a ver a mis padres…

Deportista y familiar. Qué mono.

PABLO.- ¿Cómo se llama tu empresa?

JULIA.- Magdalenas de la…mor. Es un nombre un poco cursi, se lo puso mi madre cuando se quedó en paro y la contraté.

PABLO.- ¿Tu familia trabaja contigo?

JULIA.- Sí, bueno, para mí.

PABLO.- Es alucinante, en serio. Tan joven y lo dejas todo en Londres para sacar a tu familia de la crisis.

JULIA.- Bah, tampoco es para tanto.

(Sí que lo es).

PABLO.- ¿Dónde tenéis el obrador?

JULIA.- En mi casa.

PABLO.- Y, ¿dónde vives?

JULIA.- ¿Ya quieres subir a mi casa? Invítame a algo antes, por lo menos, ¿no?

BO CA ZAS. Para qué diría esa frase. A partir de ahí, la tarde cayó en picado. Tomamos un café rápido y le acompañé a la parada de metro. Allí nos encontramos con el abuelo. Lo que me faltaba.

ABUELO.- Vaya, vaya, Pablito, que bien te rodeas, ¿eh?

PABLO.- ¿Quién es usted?

ABUELO.- No me habías dicho que el policía por el que suspiras es sobrinonieto de un cuñado de El Peseta, el hijo de un amigo de toda la vida del padre de tu abuela.

Horror.

ABUELO.- Entonces no estás ya con la nieta de Paquita, cómo se llamaba, ¿Patricia?

PABLO.- No señor… ya no.

ABUELO.- Es que me dijo tu tío que teníais boda pronto…

JULIA.- Abuelo, que es la hora del Sintrom, súbete a casa, anda, que ya voy yo.

Si no fuera porque su cadera es frágil le habría empujado por las escaleras del metro abajo.

Lola. Día 19: Los templarios de la marihuana

Nuestro piso se ha convertido en una catacumba y nosotros somos los templarios de las magdalenas de la risa. Tenemos que proteger nuestro negocio en el silencio y la oscuridad.

Pero Puri tropezó con el cable de internet y casi tiró la televisión así que encendí la lámpara de noche. Alrededor de la mesa los currantes de la cooperativa rezábamos para que nadie nos descubriera. Las cosas estaban llegando muy lejos. Con el policía rondando la facultad y con mi hermana perdiendo las bragas por el madero, nuestro secreto peligraba.

A partir de ahora las normas del juego cambiarían. La mercancía no saldría de casa. Los clientes, previo pedido “face to face” sin dejar rastro de llamadas o whatsapp, deberían utilizar un lenguaje en clave. Repartí el nuevo glosario de términos que todos deberíamos estudiar meticulosamente y, en susurros, repase cada palabra por si alguien tenía dudas.

Cada vez que hablemos…

Las magdalenas serán piernas.

La marihuana será corazón.

Los clientes serán pulmones.

Los ingredientes serán los brazos.

Los pedidos serán transfusiones sanguíneas.

LOLA: Cuando los clientes vengan a casa a por los bollos, tendrán que tocar la puerta tres veces y después dirán: “disculpa creo que se te ha caído un calcetín de la cuerda”. Hasta no completar el proceso, nadie abrirá para hacer la entrega.

Votos a favor: ninguno. Votos en contra: tampoco. Todos estábamos igual de acojonados. El único tranquilo era el abuelo, un poco perdido…

MARIANO: Yo no entiendo que tiene que ver esto de la marihuana con las piernas y los brazos.

Justo en ese momento salió la China de su cuarto, pálido y asustado, con las maletas en la mano. Todos clavamos los ojos en mamá que nos había perjurado que estábamos solos en casa.

CHINA: Ya decía yo que escondíais algo. No os basta con ser traficantes de droga que además comerciáis con órganos. Más os valdría trabajar como chinos decentes y no como españoles delincuentes.

LOLA: ¡No, no, no! Te equivocas. Cálmate, te lo podemos explicar  tranquilamente.

La China no atendía a razones y salió  escopetado hacia la puerta. El abuelo se abalanzó sobre él pero no tenía la fuerza suficiente para aplacarlo. Rastas fue en su ayuda y con el cinturón le amarró las manos. Puri y Toñi le arrastraron hasta la habitación. Florieke cerró con llave y ahora todos tendríamos que turnarnos para vigilar que no escapara.

Una hora después, sus gritos llegaban hasta el patio. Si salía de allí iría directo a la comisaria pero, si se quedaba, los vecinos pronto sospecharían. Elvira intentó calmarlo con infusiones tibetanas y valerianas, pero cuando los chacras de su santa paciencia se agotaron, se dio cuenta que lo único efectivo era taparle la boca con trapo y esparadrapo.

Yo estaba bloqueada. La situación se nos iba de las manos.

Julia no aparecía. Adri no quería colaborar en el secuetro.

¿Quién podría ayudarme?…

JULIA. DÍA 19: Hoy le he visto… le he visto y me ha mirado ¡Hoy creo en Dios!

Por fin. Ha pasado. Le he vuelto a ver. Yo salía de la Facultad de Filosofía porque había ido a entregar un pedido (iba rollo casual, con vaqueros, converse y jersey básico) cuando lo encontré charlando animadamente con mi hermana. Se me paró el corazón. Iba sin uniforme. Me lancé rápidamente a ellos porque la aversión de Lola a las Fuerzas de Seguridad es superada por sus ganas de fastidiarme y la veo muy capaz de flirtear con él solo para darme en las narices.

YO.- ¿Conoces a mi hermana?

Me encanta decir esa frase y ver la cara que se le queda a la gente. La de mi poli era la clásica de “hostia, son gemelas y estoy hablando con esta pensando que era la otra”.

LOLA.- Creo que me has confundido con Julia. (A mí) Me está preguntando por las magdalenas.

JULIA.- ¿Ah sí? ¿Quieres probarlas?

LOLA.- ¿Es colega tuyo? Le he dicho que no servimos en la facul porque hemos tenido movidas. Mejor pásate por casa o…

Hubiera preferido que le estuviera tirando los trastos en lugar de delatarnos de una manera tan estúpida.

YO.- Lola, este es el policía que resolvió el malentendido en la Francisco de Vitoria.

La cara de mi hermana fue mejor aún que la del poli.

LOLA.- Bueno, creo que te has equivocado.

YO.- Qué casualidad que nos hayamos encontrado precisamente aquí, ¿verdad?

POLICÍA GUAPO.- Pues sí.

YO.- Lola, te llama Adrián, no sé qué de unos apuntes.

LOLA.- ¿Qué apuntes? Si ya hemos acabado la carrera.

YO.- Pues algo necesita de ti urgentemente, Lola.

Lo de la telepatía de los gemelos es una leyenda urbana.

YO.- Aún no me has dicho cómo te llamas.

POLICÍA GUAPO.- Me llamo Pablo.

Pablo y yo dimos una vuelta por el campus mientras charlábamos sobre mi vida en London y un poco de todo, lo típico para empezar a conocerse. En plan súperbien. Es que me parece alucinante que me haya estado buscando por todas las universidades de Madrid. Porque es obvio que lo ha hecho.

Cuando llegué a casa me esperaba la Inquisición.

LOLA.- Julia, sabía que eras tonta, pero no creía que tanto.

JULIA.- Perdona, la que ha estado a punto de largarle todo a un perfecto desconocido que ha resultado ser un policía eres tú.

ADRIÁN.- Julia, tenemos que tener mucho cuidado con él. No sé cómo coño nos ha encontrado.

JULIA.- Ya, es que le gusto un montón, ¿verdad?

ADRIÁN.- No le molas una mierda, te ha buscado porque nos está investigando.

Adrián está tan celoso que no sabe qué inventar.

LOLA.- Si te vuelvo a ver con ese pitufo te reviento la cabeza.

Se acabó la dialéctica y la retórica y las chorradas esas de filósofos. Un amor imposible. Me encanta.

LOLA. DÍA 18: Huelga general

Ayer compré unas cartulinas blancas y les pegué unos palos de fregona. El abuelo me ayudó a escribir las consignas con rotuladores de colores y quedaron unas pancartas preciosísimas, dignas de exposición.

“Por un empleo ilegal, pero digno”

“Los delincuentes también tenemos derechos”

“El rastas y la novia nos dejan sin futuro. Yo hoy no cocino magdalenas en defensa de mis derechos laborales”

Con todo el tinglao montado, reuní con carácter de urgencia y extraordinario a toda la cooperativa (menos a los jefazos). Me puse mi ropa más borroka y repartí panfletos comunistas a diestro y siniestro. Puri y Toñi estaban tan agotadas que prometieron secundar la huelga todos los días que hiciera falta. No dormían más de tres horas seguidas por la presión de trabajo a la que estaban sometidas y ya no tenían ni siquiera tiempo para ver “Amar en tiempos dispersos” o para leer la Pronto. Con el cotilleo habíamos topao.

El abuelo, que se puso vaqueros rotos para la ocasión, propuso hacer un escrache en la casa de Florieke y Mamá, sorprendentemente, no se opuso a nada. Debe ser que se le  estaban agotando todas sus reservas de paciencia y positividad.

La huelga general era un hecho. Todos los votos a favor pedían venganza y a nadie pareció importarle que Julia y Adri no estuvieran presentes (¿dónde se habrían metido?). Ahora lo importante era plantarle cara a la nórdica y a su guardaespaldas rastroso.

Florieke llegó como todas las mañanas con el cronómetro en la mano y, al no ver a nadie en la cocina, puso el grito en el cielo. Me levanté con calma y le dije que estábamos de huelga.

FLORIEKE: ¿Cómo?, ¿con qué derecho?, ¿tú no te das cuenta que no está el negocio como para perder el tiempo?

LOLA: ¿Y tú no te das cuenta de que no puedes tratar a la cooperativa como a tus esclavos?

Cogió el móvil con rabia pero nadie le contestó, sólo su novio acudió para consolarla.

FLORIEKE: ¿Sabes qué?, no os necesito. Me valgo y me sobro yo solita. Ya me suplicaréis que os readmita.

La dejé hablando sola y me volví a dormir plácidamente. Sus gritos me despertaron a las dos horas cuando salí a comprobar el desastre de magdalenas que había hecho. La levadura no había subido y el sabor era peor que el de las que hacía mamá en sus inicios.

FLORIEKE: A ver Lola, ¿cuáles son tus condiciones?

LOLA: Estaré de nuevo al frente de la supervisión y en la captación de clientes. Además dejarás de poner normas absurdas. Adiós a temporizar el trabajo y a las prohibiciones. Deja a la gente que esté contenta y feliz y aumentará la producción.

FLORIEKE: Son unos vagos. Sólo saben funcionar bajo el látigo como todos los españoles.

Poco a poco, todos los miembros de la cooperativa que estaban escuchando tras la puerta entraron en la codina con ganas de pillar un cuchillo y cortarle la lengua.

FLORIEKE: Está bien. Relajare los tiempos de trabajo, pero seguiré controlando todo muy de cerca. Lola podrá volver a la supervisión en la cocina pero no a la captación de clientes porque Julia y Adri hacen un gran equipo.

Justo en ese instante de revuelo, la pija llegó con el pijo descafeinado y nos miraron con miedo.

JULIA: ¿Qué ha pasado aquí?… ¿ya os habéis enterado?

LOLA: ¿Enterarnos de qué?

ADRI: Casi nos detienen en la Universidad Francisco de Vitoria. ¿Ha venido aquí algún policía?

FLORIEKE: ¿¿¿¿CÓMOOO??? ¿Pero qué habéis hecho?

LOLA: Ay Florieke, ¡qué bien lo hacen!, ¿eh?, menudo GRAN equipo de captación que tienes.

El sabor del triunfo no lo podría empañar en ese momento ni la peor de las noticias.

JULIA. Día 18: Yo no he sido

He decidido firmar, por fin, esa hoja que tiene mi hermana para conseguir que los policías lleven número de identificación. Y pienso hacer otra para que lleven también el número de móvil.

YO.- ¿Puedo ayudarle en algo, agente?

Había pasado de estar en una película de terror en el despacho del decano al que nos habían confinado con zombis economistas aguardando en el pasillo a una comedia romántica de Jennifer Aniston.

LAURA.- Me han drogado.

Laura se había revelado en una Legionaria de Cristo muy loca.

POLICÍA 2.- Eso ya lo vemos.

LAURA.- Quieren que venda magdalenas con marihuana en la copistería de la universidad.

La Policía 2 reprimió una risilla, pero Policía Guapo parecía tomárselo muy en serio. Todo un profesional.

POLICÍA 2.- A ver, documentación.

Le enseñamos a la mujer nuestros DNI. Me fijé en que en la bandolera de Adrián no estaba la caja con los muffins degustación. Debía de haberlos tirado a alguna papelera en un descuido.

ADRIÁN.-Agentes, nosotros solo le hemos ofrecido a Laura una magdalena que hacemos nosotros mismos, pero se ha enfadado (no sé muy bien por qué) y la ha tirado al suelo.

LAURA.- ¡Está mintiendo!

YO.- Todo ha sucedido como dice mi compañero, agente. Pero nosotros no tenemos ningún problema en que nos registren, no llevamos nada ilegal.

Policía 2 se empezó a toquetearnos a mí y después a Adrián para ver si llevábamos algo. Qué mala suerte.

POLICÍA GUAPO.- (Al decano) ¿Usted ha visto algo?

DECANO.- No, señor. Los alumnos escucharon gritar a Laura y corrieron a llamarme.

POLICÍA 2.- Aquí no hay magdalenas, ni porros, ni nada. Voy a preguntar a los alumnos.

Policía 2 salió del despacho para interrogar a los zombis econométricos.

LAURA.- Porque lo habrán tirado, pero llevaban una caja con magdalenas pequeñitas.

YO.- Nosotros por colaborar con las Fuerzas de Seguridad, lo que sea. Si tenemos que ir a comisaría a prestar declaración…

Adrián me lanzó una mirada reprobatoria.

POLICÍA GUAPO.- ¿Qué hacíais aquí?

YO.- ¿Cómo?

POLICÍA GUAPO.- Si no sois de esta universidad, ¿qué hacíais aquí?

ADRIÁN.- Queríamos hacer una fotocopia del DNI.

LAURA.- Es mentira, agente, a mí no me dijeron nada de eso.

POLICÍA GUAPO.- ¿Y dónde está el resto de magdalenas?

ADRIÁN.- Nos las hemos comido. Solo nos quedaba una, la que se comió Laura. ¿En serio se ha creído esa historia? ¿La de vender magdalenas de marihuana en una copistería?

Policía 2 entró por la puerta para interrumpir la interpretación de Oscar de Adrián.

POLICÍA 2.- Nadie ha visto ni oído nada. No hay indicios de delito, así que nosotros no vamos.

LAURA.- ¡¿No me creen?!

DECANO.- Laura, por favor. Anda vete a casa a descansar y deja de ponernos más en ridículo.

YO.- ¿Seguro que no hace falta que vayamos a comisaría?

POLICÍA GUAPO.- No es necesario señorita. (Pausa) De momento.

Policía Guapo me miró por última vez antes de salir del despacho. Sabía que yo era culpable.

Y no sé por qué, pero eso me resulta muy, muy excitante.

LOLA. Día 17: Explotación ilegal (al cuadrado)

Tic, tac, tic, tac, tic, tac

La puntualidad se ha impuesto por decretazo en todos los despachos de la cooperativa. Aun así, los hay que como Puri van por libre. No hay día que no llegue a casa al borde del desaliento y con el desayuno en la garganta pero, eso sí, los quince minutos de retraso de rigor que nadie se los quite: FALTA LEVE. Si Curro se toma una cañita entre reparto y reparto: FALTA GRAVE. Cuando mamá intoxica (bendice) los ingredientes con incienso antes de ponerse a cocinar: FALTA GRAVE NIVEL 2++.

Las normas son claras, firmadas por contrato de letra pequeña: la acumulación de errores puede acabar en una reducción del 25% del salario o en un aumento de la jornada laboral sin remuneración.

PIM, PAM, PIM, PAM,

Florieke ha adoptado medidas de manual tecnócrata y, por sus santos huevos, ha augurado una recuperación de los beneficios antes de las elecciones generales, que a ella ni le van ni le vienen, pero le sirven para marcarse un objetivo a corto plazo.

Fría como los nórdicos y mala como un demonio, de perroflauta ya solo le quedan cuatro rastas mal puestas. Mucha furgo hippie con corazoncitos pero, a la hora de la verdad, saca el látigo como la casta.

Toñi ha dicho que ya no puede más y ha pedido la baja por depresión. En observaciones, la médica ha pedido pruebas del tipo de trabajo que realiza. Florieke se ha puesto nerviosa y le ha concedido unas vacaciones de despido, después de soltarle la mayor bronca del siglo y de descontarle el sueldo de los últimos tres meses (por bocazas).

Si Toñi trabajara en Ara para Costancio Ortega, le habrían sellado la boca con silicona hace tiempo. La muy cotorra es capaz de ametrallar al primero que pille con 100 palabras por minuto, sin respirar. Que si la vecina se ha comprado un coche, que si el cartero se ha liado con la portera, que si el Chino de la esquina cierra a mediodía siendo Chino, que si Monedero es un chorizo….y, al final, COMO YO YA ESTOY FUERA DE JUEGO Y NO SUPERVISO NADA, la mujer la ha liado parda.

En las últimas tandas de magdalenas, Toñita, más preocupada de darle a la lengua que a la masa, ha confundido el detergente con la levadura y lo ha rellenado de alubias en vez de pistachos. Yo sé que no lo hace con maldad, pero Rastas ha acabado con un lavado de estómago en urgencias y, si no las hubiera probado antes de venderlas, seríamos la apertura de informativos Telecinco.

Adri me lo ha contado todo. El nuevo pijo ha venido a verme justo en ese momento en el que yo no quería ver a nadie. Me tienen aislada, amargada, aburrida, cansada, hasta el moño…pero, cuando me necesitan, bien que me buscan.

ADRI: Lola, siento lo del otro día. Yo quería ayudarte pero justo estaba con Julia cerrando un trato y ya sabes… Perdóname. Vuelve al lío. Habla con la hierbas. Sin ti esto es un desastre.

Contenta me tiene. Te hago caso, paso de ti, te miro, te ignoro, te vuelvo a mirar con ojos de perro pachón y… vuelvo a caer. Le hubiera dado un guantazo a mano abierta pero me quedé quieta, muy quieta, disfrutando de que me comiera tanto la oreja.

En el fondo, a nadie le amarga un dulce y a todos nos gusta que nos bailen el agua.

Quince minutitos más de peloteos y halagos y hasta me pensaba lo de alzarme en armas y volver a la primera línea del negocio.

Tic, tac, tic, tac